No sabría decir si Cande tampoco, hemos escrito sobre cómo conocimos el Jazz, nosotros mismos, pero creo que todavía no contamos, cómo empezamos a escribir?
Leyendo, así arranqué yo. Durante gran parte de mi adolescencia me sentí solo, no tenía amigos, tampoco los buscaba, y como ahora, todos los fines de semana los pasaba en casa. Veía películas, jugaba en la compu, escuchaba música, pero el estar tanto tiempo frente a una pantalla me cansa.
Así que mientras escuchaba música, ordenaba mi cuarto, tengo como una especie de acto reflejo, cuando me siento mal o extraño, vuelvo a doblar las remeras, encero, lustro el mueble, es como una terapia. Finalmente una ducha y esa satisfacción de entrar al cuarto con olor a Blem y piso encerado. Me encanta.
Cuestión que una vez ordenando, me encuentro en el placard con algunos libros. Tenía el acto de leer de chico, historietas de Patoruzú, Clemente, Isidoro, Marvel, DC, incluso los cuentos o leyendas que venían en los manuales Estrada. Pero agarrar un libro por decisión propia, no lo había hecho.
No recuerdo cuál fue el primero, pero los primeros escritores que me interesaron fueron Bradbury, Lugones, Stevenson, Quiroga. No compraba, agarraba lo que había en casa y mi tío me regalaba los que tenía, es así como conocí a mi escritor favorito, hasta ahora: Hemingway. Cuando sos un adolescente de 13 años con aires de bohemia ridículos, leer París era una Fiesta, te vuela la cabeza. Le siguieron Al otro lado del Río y entre los Árboles, y mi favorito: Adiós a las Armas.
Me fascina esa idea suya de escritor pero a la vez boxeador, aventurero, que combatió en la Primera Guerra Mundial, viajando por España, comiendo quesos y tomando vinos, rodeándose de otros artistas y demás. Obviamente, todo lo que dice, está inflado a lo que realmente ocurrió.
De tanto leer, me dieron ganas de escribir. En un principio eran plagios de historias que había leído, pero con ciertos cambios. Personas solitarias en un ambiente invernal, era más un diario en tercera persona que ficción.
Luego, con la práctica,y vergüenza, esas emociones que estaba atravesando (no crea que fue nada raro, se llama adolescencia, hacerse la cabeza con poco). Fueron tomando rostros, actitudes, personalidades, acciones: personajes. Y lo mejor, dejé de mirarme en el ombligo como fuente de historias, y me inspiraba en familia, amigos, vecinos, viajes, encuentros. Y mis relatos empezaron a tener diversos tonos: drama, terror, comedia, romance, historias del día a día.
Escribía mucho y también lo publicaba en mi blog, y para males de mis contactos de facebook, lo compartía. Es normal, encontrás algo que te gusta hacer, pero a su vez es nocivo porque no hay filtro, todo lo que hacía pensaba que era genial y lo compartía. La verdad que no, ahora es la contraria, publico un 20% de lo que hago, gran parte se debe a que está finalizado.
Pero fue así. No es un acto que hago tan seguido como me gustaría, pero cuando llega el momento, a pesar de que no sepa cómo termina, o si, pero no cómo arranca. No sé qué me pasa, que me siento y me sale.
Es como cuando jugabas al Mortal Kombat y apretabas todos los botones, no sé cómo lo hago pero lo estoy haciendo.
Mi próxima entrada será la primera del blog que hice en su momento con mi primer cuento.