viernes, 10 de agosto de 2018

Creo que yo tampoco les conté

Y creo que no lo conté nunca porque parte de eso me avergüenza. Pero a esta altura y para la poca gente que lee el blog ya no debería preocuparme.

 Igual que Nico, yo también empecé a escribir gracias a la lectura. Siempre me gustó leer. Papá era de los que leían cuentos a la noche, así que eso me ayudó a adentrarme en ese mundo maravilloso. Además nunca tomé la lectura como algo tedioso. Recuerdo que mi papá cambiaba las palabras de los cuentos cuando me los leía para saber si realmente estaba atenta, o simplemente para hacer más divertida la historia. Era entonces cuando en la embarcación el capitán pasaba de ser una persona a ser un animal, o a hablar en lunfardo. Extraño mucho esos tiempos.
 Volviendo a la escritura, la inquietud me surgió también queriendo imitar esas historias románticas que leía, pero sentía que todo lo que escribía sonaba muy tonto. Ver a mi hermana escribiendo también me incitó a seguir escribiendo, si ella podía hacerlo ¿por qué yo no?
 Y es así cuando a los 13 años cuando estaba en mi etapa Disney y demás, escribía novelas con famosos. Los típicos fanfiction, donde la protagonista tenía más suerte que todas las personas del mundo juntas, que por alguna extraña razón siempre se llamaba Samanta o Cindy o algún nombre típico yanqui. Es lo más vergonzoso que hice, y lo peor es que lo compartía constantemente con mis compañeras de colegio, a ellas les gustaba, no sé cómo. Pero gracias a eso me hice un blog.
 Por suerte maduré y al blog subía cosas un poco más legibles- ya que siempre escribo sin corregir por lo tanto confundía constantemente los tiempos verbales- y por supuesto más interesantes que la historia de una piba que se choca con su famoso favorito andando en skate. Si. En skate. Matenme.
 Ese blog quedó en la nada cuando pasó de ser mi blog de cuentos y novelas a ser mi desahogo semanal. Me pasó lo mismo que en los cuadernillos. Se transformaron en un diario intimo, lo cual a su vez me traía problemas con las personas que aparecían o se sentían parte de esos relatos, teniendo razón.
 En eso, surgió este blog. Dar vuelta la página, empezar de cero. No dejar de usarlo como desahogo, pero sí tratar temas menos sensibles y tener más intimidad.
 Cabe decir que gracias a la lectura y escritura puedo escribir sin errores ortográficos, a los 13  tenía unos problemas gravisimos con las tildes y las palabras con v y b.
 Sé que he mejorado desde que empecé, pero no lo que me hubiese gustado mejorar. Sigo insistiendo con que mis relatos son cada vez más aburridos.

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