Vengo escuchando que mis títulos parecen engañosos, como los clickbait de youtube con "voy a tal lado y pasa esto". Tengan en cuenta que sino este blog no lo lee ni el loro. Ya nadie lee blogs como antes.
Por lo general meto el título una vez terminado de escribir, pero esta vez va distinto. Hoy vengo con un tema bastante personal.
De 51 a 44 qué? Y acá empieza el tema
Kilos. Kilos van, kilos vienen. Y me veo al espejo y me veo igual que siempre. Y la gente habla y habla y habla sobre mi peso.
Yo también lo hago, pero también porque en momentos me empieza a preocupar que la gente lo mencione.
El tema peso siempre fue un tema en mi vida. El pánico a ser gorda, el deseo constante de tener una cintura perfecta.
Me acuerdo de una imagen que me quedó marcada cuando era chica, donde en los rugrats no recuerdo bien a qué personaje lo sobre alimentaban y quedaba obeso y me surgió una repulsión. No repulsión a la gordura sino al tema de lo insano, de todo lo que lleva tener sobrepeso, tanto físico como psicológico. Y no sólo eso, sino que me causó un rechazo por el tema del exceso, que consideró a veces un problema en el humano, donde empiezan a explotar una cosa al principio por necesidad y después se convierte en un exceso de placer que al final nos termina perjudicando.
No sé.
A los 15 pesaba 51. Para mi era medianamente flaca. Pero en cuanto fui creciendo me di cuenta que no era tan así.
A los 16 me empecé a preocupar, a pesarme todas las semanas. A armar listas de calorías, a anotarme qué comía y que podía haber evitado. No duraba mucho, pero como que fue ahí donde empezó mi preocupación por el peso. Eso y haber empezado a salir con un chico que pesaba menos que yo. Obviamente no era culpa suya, pero yo me sentía muy gorda a su lado, y eso me acomplejó aún más.
Y después pasé a la etapa de la ansiedad, pero esa ansiedad que te quita el apetito, no que comes más.
Ese chico me había dejado y casi sin pensarlo, sin planearlo, sin todas esas listas de calorías y demás pasé de 51kg a 48kg.
Y me veía y sentía igual. Pero mi ideal de belleza claramente seguía abajo, a veces inconsciente. Y mi mamá se preocupó. Lo cual es medio tonto, porque no estaba fuera de mi peso ideal.
19 años. Conserve los 48kg. Pero la Facultad me empezó a consumir, eso y la muerte de papá. La Facultad daba estrés, eso consume energía, energía de mi peso. Y además tenía unos horarios muy chotos donde no tenía tiempo o evitaba almorzar.
Y de repente:pum. 43kg
Sé que puse 44 en el título, pero mi peso ronda más en 44,3 y 43,8.
No entiendo bien por qué pero bajé así de repente. Me puse en una relación y ahí bajé. No sé si porque recordé el complejo que me había dado la otra relación que mencioné. O si al avanzar los años de carrera me voy consumiendo más.
Lo que sé es que la gente repite frases que empeoran mi ánimo respecto a mi peso. Porque es un tema que según el día estoy conforme o no.
"Hola, hace mucho no te veo, estas re flaca, estas bien?"
"Pff, como no vas a comer pan? Si estás re flaca, cualquiera"
Esa última frase me poneeeeeee. Dios. Me saca en situaciones. Porque lo dicen enojados o con cara de "sos boluda?", y no.
Un grave error que comete la gente es no pensar en que si uno está en un peso "ideal" eso hay que mantenerlo. Más si no tenés el metabolismo mágico de la gente que come mierda siempre y no engorda.
En fin. Sólo quería descargar y aclarar algunas cosas
-Si me controlo con la comida no es porque me falte bajar peso, sino que es para evitar subir. Sucede cuando vengo comiendo muy mal.
-No se me ven los huesos
-No tengo problemas de peso. Mi peso y mi altura son acordes.
-No bajé por algo puntual. En general bajo de peso cuando menos lo pienso
-A veces la ropa ayuda a verse más flaco o más gordo. Últimamente uso muchas polleras y medias negras. Lo cual genera dos cosas: las medias negras te hacen ver más delgado, y las polleras te hacen ver la cintura más chica y esconden los muslos(parte más gruesa de la pierna). Por esto entiendo que en fotos parezca que tengo menos peso del que realmente tengo.
Nada, era un tema del que quería hablar hace mucho. Y espero que la gente dejé de preocuparse tanto porque yo sé que estoy bien. Y no voy a bajar más que esto. No es lo que pretendo.
Sigo comiendo pan, sigo comiendo pizza, sigo comiendo facturas. Pero todo a su debida medida. Disfruto mucho comer y lo voy a seguir haciendo
Blog dedicado a la expresión del día a día de dos personas con mucha imaginación y poca fama.
miércoles, 20 de junio de 2018
viernes, 15 de junio de 2018
Soy feo a mucha honra
Sé que siempre hago lo mismo, digo que voy a escribir, no escribo y después pido disculpas. No, esta no es otra entrada excusandome por no escribir.
Hoy quería hablar de algo que no entiendo y creo que nunca voy a terminar de entender. Me pasa muy seguido encontrarme con gente que parece re copada y después siento que no les caigo del todo bien, o que me cortan el rostro sin razón alguna. Y por alguna razón yo siempre sigo atrás, buscando la manera de encarar la situación.
En el secundario, por ejemplo, tenía una compañera que en general era muy copada. Pero de un día para otro me ponía cada de culo, se ponía los auriculares mientras le estaba hablando, y sin explicar por qué. Capaz que a los dos días volvía a la normalidad, pero nunca me enteraba de por qué pasaba.
No sé si soy una rompebolas, entonces resulto infumable, o si hay algo en la manera que me expreso que no simpatiza a la gente.
Creo que por esa razón inexplicable no sé generar amistades duraderas. Una sola vez tuve una mejor amiga, y tampoco terminó bien.
Y me rompo la cabeza pensando qué dije mal, o simplemente cómo empezar una nueva conversación. Creo también que todo eso ha profundizado mis inseguridades, el miedo al rechazo, y la vergüenza si digo algo que a mi parecer resulta estupido. También es por esa inseguridad que me sonrojo por cualquier cosa, hasta para pedir una silla en la Facultad.
Creo que voy a seguir viviendo hecha un tomate poco sociable, no por elección vale aclarar, ya que no es falta de ganas y predisposición.
Me hace acordar al capítulo de Bob Esponja donde la gente se aleja de él por su mal olor y él cree que es porque es feo.
"Me han dicho feo pero nunca feo feo"
Hoy quería hablar de algo que no entiendo y creo que nunca voy a terminar de entender. Me pasa muy seguido encontrarme con gente que parece re copada y después siento que no les caigo del todo bien, o que me cortan el rostro sin razón alguna. Y por alguna razón yo siempre sigo atrás, buscando la manera de encarar la situación.
En el secundario, por ejemplo, tenía una compañera que en general era muy copada. Pero de un día para otro me ponía cada de culo, se ponía los auriculares mientras le estaba hablando, y sin explicar por qué. Capaz que a los dos días volvía a la normalidad, pero nunca me enteraba de por qué pasaba.
No sé si soy una rompebolas, entonces resulto infumable, o si hay algo en la manera que me expreso que no simpatiza a la gente.
Creo que por esa razón inexplicable no sé generar amistades duraderas. Una sola vez tuve una mejor amiga, y tampoco terminó bien.
Y me rompo la cabeza pensando qué dije mal, o simplemente cómo empezar una nueva conversación. Creo también que todo eso ha profundizado mis inseguridades, el miedo al rechazo, y la vergüenza si digo algo que a mi parecer resulta estupido. También es por esa inseguridad que me sonrojo por cualquier cosa, hasta para pedir una silla en la Facultad.
Creo que voy a seguir viviendo hecha un tomate poco sociable, no por elección vale aclarar, ya que no es falta de ganas y predisposición.
Me hace acordar al capítulo de Bob Esponja donde la gente se aleja de él por su mal olor y él cree que es porque es feo.
"Me han dicho feo pero nunca feo feo"
martes, 12 de junio de 2018
II
Se llevó Literatura a Febrero, dos años seguidos en el secundario. ¿Pero qué le iba a decir a su madre? Era la única carrera disponible y una amiga de ella le hizo un hueco porque ya habían cerrado las inscripciones.
"Al menos es un lugar en silencio".
Entró al colegio, saludó a los porteros, siempre hay que llevarse bien con las personas de limpieza. Se quejó con las preceptoras del clima y se alegraron que el profesor de Historia faltara, aquel que sólo se la pasa hablando de su ex y que no le alcanza para la cuota.
Entre libros se siente acompañada pero sin la necesidad de hablar, cada tanto vienen estudiantes pero es para esconderse y besarse, ella actúa como si no pasara nada. No se hace drama si alguien no devuelve un ejemplar retirado, "es mejor a que estén acumulando polvo".
Suena el timbre del recreo:
10 minutos para besarse que se extienden a 13, incluyendo el reto de de una preceptora.
8 minutos para sacarse una selfie, 2 para elegir el filtro
6 minutos para fumarse un porro, 4 para que se vaya el olor.
Podría ir a la sala de profesores pero no da, no enseña, no conoce a la mayoría de los estudiantes, no sabría a quién le están sacando el cuero. No limpia, no podría aparecerse abajo y unirse a la charla y sentirse una extraña, escuchando a qué docente le sacan del cuero.
Tanto la limpieza como los educadores la miran de reojo. El trato que tiene es el necesario, algún chascarrillo los viernes preguntando qué se hace un fin de semana y los lunes para corroborar cómo fue.
En un colegio de 823 personas no encuentra con quién reunirse, aislada al fondo del pasillo. En una biblioteca que no se actualizó al tiempo de las computadores y tablets.
La salvación llega cuando unos integrantes del Centro de Estudiantes pasan, venden torta y café para recaudar fondos y comprar dos aros de basquet. Ella acepta, después de todo también les brinda el lugar para que puedan juntarse, las reuniones y los debates le recuerdan cuando todavía tenía ganas de cambiar el mundo.
Toca el timbre, se termina el café y guarda media porción de torta en un tupper que por fin tiene utilidad, los enamorados del fondo salen de su escondite y se separan para dirigirse a sus aulas, de fondo se escucha un reto.
10:50: Ordena libros, los huele, se guarda uno sabiendo que no lo leerá, pero es su costumbre de los viernes.
11:11: Espía por el pasillo para no cruzarse al alguien , y se dirige al baño para cambiarse el tampón.
11:27: Logra desbloquear el nivel que tanto le costaba en el Tetris de su celular.
Toca el timbre, se termina el café y guarda media porción de torta en un tupper que por fin tiene utilidad, los enamorados del fondo salen de su escondite y se separan para dirigirse a sus aulas, de fondo se escucha un reto.
10:50: Ordena libros, los huele, se guarda uno sabiendo que no lo leerá, pero es su costumbre de los viernes.
11:11: Espía por el pasillo para no cruzarse al alguien , y se dirige al baño para cambiarse el tampón.
11:27: Logra desbloquear el nivel que tanto le costaba en el Tetris de su celular.
Al sonar el timbre de salida, guarda sus cosas, y baja junto a los estudiantes, queriendo camuflarse entre la marea uniformada. Siempre sale apurada como si llegara tarde, sus colegas deducen que "está en algo".
Apurada para llegar a casa y hundirse en su cama hasta que la alarma vuelve a sonar el lunes 6am. Muchos fines de semana con fiaca, ya no los tendrá. Ahora tiene el reto de cómo aprovecharlos.
lunes, 4 de junio de 2018
I
Yvonne supo que iba a morir.
¡Spoiler Alert!
-pensó-
La vida es chota.
Y siendo consciente de su muerte, se dispuso a vivir. Porque a diferencia del resto, ella sabía su fecha. No por una enfermedad ni nada extraño. Hoy a la mañana se despertó sabiéndolo.
Al despertar le recorrió un vértigo, de esos que experimentamos en sueños y exactamente en ese momento despertamos. Pero al abrir los ojos, la sensación no acabó y terminó cayendo en su realidad. No irá a médicos, no irá a psicólogos, mucho menos, no querrá acortar sus días de vida.
Días le quedan, para hacer lo que le plazca. Pensó en hacer lo que sucede en las películas, largar todo y vivir, si ¿Con qué?
"Sería gracioso sacar un seguro de vida ya que nadie sospecharía que fallecería, hago ejercicio, tengo un trabajo sin peligros como el de Bibliotecaria, no fumo, tomo alcohol cuando Vane me jode mucho. La candidata perfecta para seguir viviendo."
Pensaba esto mientras desayunaba. Acostumbrada a los rápidos tres mates y dos galletitas sin sabor, se dispuso a realizar "El último desayuno". Las tostadas eran Pedro, la mermelada Juan y el té, Mateo.
Al igual que el protagonista de aquella noche, ambos sabían su destino. Pero Yvonne aún tiene tiempo. Lavó la taza, se bañó, lamentó que el día esté húmedo y salió a trabajar.
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