Hace bastante que no escribo algo de ficción, en realidad lo hago cada tanto pero no lo publico. En parte es porque si los textos de alguien fueron previamente publicados, ya se en formato físico como en digital, en los concursos literarios no te los toman. Por qué? Ni idea, me parece una pavada. Así que fuck off con eso y a escribir.
Como un juego y a modo de experimento voy a escribir un relato eligiendo a alguien que conozco, en este caso la elegida fue Cande.
Aquel viernes por la noche, Candela negó encontrarse en una cervecería con amigos y optó por caminar ni bien salió de la facultad. Ya se sentía melancólica como para duplicar el efecto con el alcohol, pero no crea que ese estado se debe por algo en especial. Oh no, es esa melancolía singular que inconscientemente buscamos, esa melancolía que se soluciona siendo parte del momento y que termina al llegar a casa o en casos mayores, al recostarnos.
La noche, la soledad y Sarah Vaughan de fondo parecía ser un escenario de lo más alentador. Salteando las paradas, divisando los colectivos que venían a los lejos con sus luces que los asemejan más a capsulas espaciales que a un transporte público. A medida que avanza se siente más acompañada, con la música, con sus pensamientos. En la primera cuadra el pensamiento recurrente era "qué voy a cocinar cuando llegue", a la quinta "los trabajos a entregar en la facultad", a la octava "ideas para sacar fotos".
A pesar de la llovizna inesperada y de que sus lentes se empañaran, le dio gracia la sensación de sentirse como en una pecera y adivinar los colectivos por los colores de las luces. Al subirse a uno, se alegró que este viniera con asientos libres, la experiencia melancólica había sido gratificante pero tras un día facultativo, la carne es débil. Secó sus lentes, de Vaughan pasó a Ella Fitzgerald y pispeaba a las personas que iban subiendo, con el timing perfecto para ser curiosa, no cruzar miradas y llegar a la incomodidad.
El viaje duró tres caramelos. Al llegar a su casa, secó su cabello y se dio un baño, de esos que uno lamenta tener que salir. En silencio, sin Sarah, sin Ella ni Billie, sólo con Cande.
Sin haber bebido una sola gota de alcohol experimentó la sensación de ebriedad, esa relajación que le permitía bailar y cantar mientras cocinaba, a invitar al Sr.Escoba a bailar en un hit de los que tenemos como placer culpable.
Cenó revisando sus redes sociales, viendo fotos de salidas de viernes alocadas y pensó en si no había sido un error haber negado la salida. A fin de cuentas si uno se siente "sola", lo lógico sería encontrarse con amigos. Error. Cande aceptó su condición y esa noche hizo las paces con ella misma. Las pantuflas le ganaron a los zapatos.
Al momento de dormirse Cande seguía sola, pero la melancolía se había ido.
La noche, la soledad y Sarah Vaughan de fondo parecía ser un escenario de lo más alentador. Salteando las paradas, divisando los colectivos que venían a los lejos con sus luces que los asemejan más a capsulas espaciales que a un transporte público. A medida que avanza se siente más acompañada, con la música, con sus pensamientos. En la primera cuadra el pensamiento recurrente era "qué voy a cocinar cuando llegue", a la quinta "los trabajos a entregar en la facultad", a la octava "ideas para sacar fotos".
A pesar de la llovizna inesperada y de que sus lentes se empañaran, le dio gracia la sensación de sentirse como en una pecera y adivinar los colectivos por los colores de las luces. Al subirse a uno, se alegró que este viniera con asientos libres, la experiencia melancólica había sido gratificante pero tras un día facultativo, la carne es débil. Secó sus lentes, de Vaughan pasó a Ella Fitzgerald y pispeaba a las personas que iban subiendo, con el timing perfecto para ser curiosa, no cruzar miradas y llegar a la incomodidad.
El viaje duró tres caramelos. Al llegar a su casa, secó su cabello y se dio un baño, de esos que uno lamenta tener que salir. En silencio, sin Sarah, sin Ella ni Billie, sólo con Cande.
Sin haber bebido una sola gota de alcohol experimentó la sensación de ebriedad, esa relajación que le permitía bailar y cantar mientras cocinaba, a invitar al Sr.Escoba a bailar en un hit de los que tenemos como placer culpable.
Cenó revisando sus redes sociales, viendo fotos de salidas de viernes alocadas y pensó en si no había sido un error haber negado la salida. A fin de cuentas si uno se siente "sola", lo lógico sería encontrarse con amigos. Error. Cande aceptó su condición y esa noche hizo las paces con ella misma. Las pantuflas le ganaron a los zapatos.
Al momento de dormirse Cande seguía sola, pero la melancolía se había ido.






