Yo no soy creyente, ni de dios ni de nada que no pueda ver con mis propios ojos. Tampoco soy de tener fe en muchas cosas. Sin embargo, a pesar de todo existen situaciones en las que vivo y son demasiado puntuales, demasiada casualidad para ser verdad, para ser real.
La última semana, la semana en que internaron a papá, esos días pasaron cosas que todavía no me cierran, que todavía no entiendo, que no sé qué pensar.
Salía del colegio, caminaba diez cuadras hasta Luro así llegar a Juan B Justo y tomarme el 563 hasta el hospital. Durante los trayectos los días estaban muy grises. Y un día que volví del hospital, mientras sobre el colectivo escuchaba música mirando la ventanilla con desanimo, comenzó a caer una nevisca. Mar del Plata es una ciudad en la que nieva una vez cada dos años, y si bien no es en grandes cantidades, llama mucho la atención. Fue mucha casualidad, haber vivido tantos años en una ciudad que nevaba tanto, en Bariloche, y ver nevar en un lugar que no nieva nunca, y justo esa semana, justo cuando él se estaba yendo.
Otro detalle llamativo fue la habitación y la cama que ocupó mi papá cuando lo internaron. El hospital regional no se populariza por tener buenas condiciones edilicias, la vez anterior que lo internaron fue realmente incómodo. Sin embargo esa última semana lo internaron en el cuarto piso, el cual había sido remodelado, parecía un hospital privado. Demasiada casualidad. Y no sólo eso, sino que la cama en la que terminó tenía el número 46. Se preguntaran qué tiene de especial ese número, bueno, ese número corresponde al que utiliza Valentino Rossi en los campeonatos de moto GP. Qué tiene esto que ver? Mi papá era fanático, fanático del moto GP, fanático de Valentino Rossi. Y ese corredor tiene el récord de mayor número de carreras ganadas y campeonatos ganados. Es como si alguien quisiera decir que mi viejo al terminar con su vida terminó como un campeón. O eso me gusta pensar. Y repito, es demasiada casualidad, demasiados hechos que no me explico.
En otras ocasiones he mencionado cuánto le gustaba a él las lluvias y las tormentas, y esa semana llovía constantemente. Y es por eso que también siento con mucha coincidencia que cada vez que tengo un evento importante llueve. Suelo pensar que es una especie de señal o algo de él en algún lugar. Como si fuera un "yo te estoy apoyando igual". El día que egresé del secundario, navidad, año nuevo, primer día de facultad, etc.
Hace poco fui al Lollapalooza, un festival de música muy importante que se hace una vez al año. Mis lectores saben que no soy una piba sociable, con Nico nos caracterizamos por eso más que por otra cosa. Y bueno, resulta que tenía muchas ganas de ir pero no tenía con quien, y la vez anterior perdí el celular en el festival, por lo tanto no quería llevarlo otra vez. Entonces para encontrarme con algún conocido lo único que me quedaba era poner un punto de encuentro, y como es normal, con mi mala suerte no encontré a nadie. Pero oh casualidad, estaba viendo tocar a Leon Gieco y un grupo de chicos se acerca para hablarme. Al verme sola quisieron integrarme, y al estar con ellos todo fue distinto. La pasé genial, me sentí acompañada, y a pesar de no conocerlos, sentía que les caía muy bien, me sentía bien conmigo misma y con ellos cuando hace minutos estaba tan triste de no poder disfrutarlo con nadie que me quería ir. En serio, mas allá de estar rodeado de gente, si no compartís con alguien esos momentos es como si nada. Yo veía a los grupos de chicas comentando qué les había parecido tal cantante, y cosas que les pasaron, risas. Cuando compré la entrada meses atrás había visto mi lista de contactos y tengo que admitir que no tenía a nadie, a nadie con quien pudiera realmente disfrutar de un evento así. Suena boludo, pero posta te sentís re sola. Al volver a lo de mi tía y contarle ella me dijo "los habrá mandado tu papá al verte sola", suena muuuuuy cualquiera, pero en el fondo fondo fondo sentí que un poquito de razón podía tener.
El me acompaña todos los días, a donde sea que voy.