De repente me he dado cuenta de la razón por la que me cuesta cada vez más escribir relatos.
Siempre me gustó escribir historias de amor, ver películas románticas, leer sobre parejas infelices que terminan resolviendo los problemas y siguen adelante. Cursilerías lindas. Cosas de soñadora. La mayoría de los escritores somos soñadores, escribimos ficción porque es lo que deseamos ver, creo que cualquiera moriría por ver un cuento suyo convirtiéndose en una realidad, salvo por Stephen King, claro.
Y estoy en un punto en el que he dejado de soñar tanto. Ya no espero una realidad así porque ya la estoy viviendo. Estar en pareja desde hace ya un año es vivir todos esos relatos que tal vez si no estuviera con la persona que amo, soñaría con que fuera real.
Aparte de todo eso que suena bastante cursi, hay una parte inconsciente en el cerebro que no permite imaginarme otro hombre como galán, como el protagonista de mis escritos. A veces ni siquiera tiene rostro.
Siento que un poco perdi mi esencia como escritora. Pero por otro lado me siento afortunada de poder vivir con el chico de mis sueños. A pesar de los conflictos, de los llantos, de las distancias, siempre seguimos adelante y tenemos nuestro final feliz.
Esto no significa que vaya a dejar de escribir, sino que soy consciente de la calidad de mis relatos, y haré un mayor esfuerzo para no dejar de hacer lo que tanto me gustaba hacer.
Escribir
Pd: Te amo Manu
