lunes, 11 de febrero de 2019

Spoiler


Vivimos con el spoiler de que algún día vamos a morir. Arranqué pum para arriba. Es una idea que a veces no me deja dormir, no es el hecho de que deje de existir, sino el que mis seres queridos lo hagan y esté vivo para verlo, sufrirlo.

El año pasado caí en que, en algún momento mi perra no iba a estar para siempre conmigo. Monona, mi hija, mi hermana, el ser que me acompaña desde que tengo 12, crecimos juntos. Es ahí cuando me propuse aprovechar cada momento con ella, de tirarme al suelo seguido y jugar, despedirme cada vez que salgo de casa.

¿Qué es peor: la herida realizada o saber que vas a sufrir? Es como las inyecciones, me aterran, no recuerdo el acto en sí, pero tengo presente el miedo de dirigirme al lugar con mi mamá y saber del pinchazo. Que me iban agarrar porque no me quedaba quieto, que mi brazo se endurecía e iba a doler más. 

De chico imaginaba seguido que al volver de la escuela iba a encontrar un patrullero en casa, mis padres muertos, la sangre derramada en el piso. Los vecinos agrupados, mirándome con lástima.

Imaginaba eso para, en caso de que ocurriera, no sufriera tanto.

Sufrir en cuotas.

miércoles, 16 de enero de 2019

Chamuyo barato y café

Meses antes de este verano, como buena marplatense, decidí salir en busca de trabajo entregando curriculums hasta en los lugares en donde menos quisiera trabajar, mandando mail a todos los avisos que encontraba en internet. No sé si afortunadamente o desgraciadamente tuve dos llamadas para ir a entrevistas de trabajos. Una para ser fotógrafa detrás del casino, historia que muchos ya saben, y la otra en un café reee rico por independencia, que muchos también conocen, Croissant.
 Es gracioso porque en las dos entrevistas me fue super mal. Ya sea porque tenía demasiada cara de culo o que mencionaba cosas que ponían en duda el poder contratarme (por ejemplo el hecho de vivir en el culo del mundo, o de no cocinar practicamente nunca en casa). Pero lo más curioso fue una parte de la entrevista en café Croissant, donde me preguntaron por qué me gustaría trabajar ahí. Quise expresar todas mis ganas y mi amor por el café y el ambiente de los cafés que tanto me gustan, pero simplemente me bloqueé. No supe qué decir o cómo decirlo, balbuceé algunas palabras que parecieron más un chamuyo para que me contraten, y era todo lo contrario en mi cabeza. 

 "Me gustaría trabajar acá porque los cafés siempre fueron algo importante en vi vida, es el lugar de punto de encuentro que tengo con amigos desde siempre y me marcó mucho como un espacio de tranquilidad" 
QUE?

A ver, estaba nerviosa. No se si lo dije con esas palabras, creo que me trabé mucho más y fue más redundante, pero en fin era eso, un me gusta el café contratame por eso. Ridicula, no hay otra definición más que esa.

Y es cierto, me es super complicado definirlo. Empecé tomando café con mis viejos, los veía todo el tiempo tomando y a mi me parecía super amargo y feo, no entendía por qué lo tomaban. Hasta que empecé a verlo como el mate, como una bebida caliente que acompaña, como un amargor que despierta, una bebida que da satisfacción tomarla y sin necesidad de tener sed. Más adelante le encontré el sabor, y experimenté con muchos tipos de café distintos para conocer también qué existía además del instantaneo.

En esos momentos de la adolescencia donde te queres sentir que ya no sos una nena y te querés hacer la intelectual fue mi momento para decidir tomar la costumbre de invitar a personas a tomar café.Como para tener también un espacio más intimo y tranquilo que caminar en una plaza durante dos horas.
 Me acuerdo de ir a varios cafés con Nico, donde él escribía frases o cosas en las servilletas que luego limpiaría algún mozo y le sacaría una sonrisa (o en su defecto lo tiraría).

De pronto hubo un cruce entre los cafés y el jazz. Como sabrán el ambiente jazzero casi siempre es un bar o un café, por lo general nocturno. Y a mi se me venían unas historias románticas con mozos enamorados de clientas hermosas y misteriosas, con bandas de jazz de fondo en un bar bebiendo whisky o café. Fue un boom de inspiración para escribir historias cursis. 
 Y ahi fue donde surgió mi mayor deseo o meta, y que aún planeo cumplirla. Tener mi propio café-bar con bandas de jazz por las noches. 
 También surgieron mis ganas de conocer todos los cafés de Mar del Plata. Conocer ambientes distintos, ser como una crítica de café, una catadora. Llegué en ese momento a ir a mas de 25 cafés, y ahora debo rondar los 30 o 35 distintos. Me había hecho una lista con las criticas, direcciones, todo. Creo que esa lista anda dando vueltas por este blog.

¿Y cómo le explicas a dos personas que te hacen una entrevista para ser mesera tal obsesión por el café y su ambiente? ¿Cómo se hace?

Yo creo que no tenía que haber dicho nada. Aunque si leyeran esto tal vez sumaría un poco. 
 La idea de ser parte de ese ambiente hermoso de risas, romanticismo, cafés y panzas calientes y llenas me encanta. Me gustaría aprender a ser barista, a manejar una maquina de café profesional, a hacer dibujitos con la espuma. 
 Me gustaría trabajar ahi e imaginarme historias entre los clientes que vienen. 

Dudo mucho que me llamen, aún el local nuevo donde se supone me contratarían no abrió, tal vez por eso no me llamaron.

Aún leyendo esto parece un chamuyo barato. Estoy al horno

sábado, 12 de enero de 2019

Decisiones



Uno madura cuando toma decisiones, o en todo caso, cuando se responsabiliza de ellas. Aceptar a tu padre y unirte a su Imperio Galáctico, emprender un viaje, tomar la pastilla roja o azul, formar una familia. Situaciones cuya elección determinen nuestro destino.

Pero la decisión que me convoca  a la reflexión, es una que vivimos todos los días al despertarnos, pasa casi desapercibida, incluso la tomamos inconscientemente, pero el camino que tomamos marca a fuego lo que será el desarrollo del día.

Pantuflas o zapatillas.

El primer paso determina si vas a llegar temprano al lugar que tengas que ir, o quedarte colgado en el desayuno viendo memes, si vas a realizar los quehaceres de la casa, o mejor ponerse al día con las series y el resto puede ser otro día.

Qué oculta esa suavidad en los pies que te aprisionan en el hogar?

-A diferencia de las ojotas, uno no puede salir a la calle en pantuflas.

-Son fáciles de ponerse, cómodas y te dan maniobra a estar descalzo cuando quieras.

-Te dan la sensación de que tenés el día libre. 

Además son fáciles de perderse o eso te quieren hacer creer, son tan deseadas que hasta familiares o amigos te las usan, anhelan esas comodidad y hasta son capaces de delinquir para obtenerla. 

Y no quiero hablar de las pantuflas que cubren todo el pie, esas que son como pata de osos, las personas que las tienen viven en un nirvana de ocio. 

Conversando con personas que trabajan en sus casas y que pueden elegir cualquier comodidad para sus pies, tratan de controlar su dependencia hacia ese calzado. Trabajan en zapatillas, necesitan que su paso y pisada sea firme, seguro.

"Las pantuflas significan Netflix, viciar todo el día, me costó mucho dejarlas, hasta el día de hoy no duermo en la misma habitación, porque las veo al levantarme y son la primera elección". 

Dice un anónimo que está en recuperación, obviamente la droga no se elimina del todo, hay que ir de a poco para que no desarrolle una extrema dependencia y ofrecerle vías alternativas. En estos momentos utiliza una droga estéticamente nociva, los crocs.  

Esta entrada llama a la reflexión sobre un mal que aterra a 8 de cada 10 personas, según la Universidad de Alabama. "Elige tu propio veneno" dice Catwoman, capaz sea así y es un mal del que no podramos escapar.

Cuando mañana te despiertes y tu mirada divise las zapatillas y las pantuflas, tomá conciencia de lo que va ser el día con la elección tomada, inventando excusas para no salir o hacerlo. 

Ser responsable de tu decisión. 

domingo, 6 de enero de 2019

Ausente


Cuándo uno se empieza a sentir así?

A qué edad las llamadas de amigos dejan de ser frecuentes para pasar a ser de aseguradoras.

La familia viene a visitarte cada vez menos y en su rostro el cariño se desvanece para pasar a ser una visita obligada.

No quiero ser una carga, pero me hacen sentir como si lo fuera.

Hablan muy rápido, entre ellos, luego me entero, como aquella vez en que dejé el gas encendido.

En qué momento pasé a ser ausente?

Al grado de que ya no me cedan el asiento en el colectivo.

No me dirijan la mirada.

Mi cuerpo se deteriora y no puedo hacer nada. Los chequeos y la misma respuestas:

"No tiene nada, es sólo que ya es viejo".

No me siento así pero el espejo diagnóstica la contrario.

He pensado en irme pero sería otra preocupación para mi familia y ya he causado varias.

Supongo que sólo queda cenar, comer una fruta de postre y acostarme.

A seguir estando ausente.

miércoles, 12 de diciembre de 2018

-Te amo



Se lo dije con un suspiro, casi como una necesidad personal de expresarlo y con miedo de que lo haya escuchado.

La habitación parecía un confesionario, a oscuras, no podía ver su rostro que se ocultaba en la almohada.

Me escondí en las sábanas, tratando de dormir y despertar pensando que era un sueño más que había tenido, en el que siempre despierto antes de que responda.

El riesgo de brindarle un sentimiento tan sincero a una persona que no sabés si es recíproco.

La mañana asoma por la persiana, lunares de luz rodean el cuarto.

Una mano me busca entre tanto laberinto de sábanas y frazadas. Me abraza.

-Yo también. 

domingo, 18 de noviembre de 2018

Fiaca


Me gustan los domingos, su parsimonia, su silencio.

De chico me levantaba temprano para ver Astroboy y luego El Auto Fantástico por Canal 10.

Ahora lo hago para llegar justo a tiempo cuando las facturas están listas en mi panadería cercana. Media docena, tres para el desayuno y tres para la tarde.

Ese trayecto lo puedo aprovechar para ir al supermercado, vacío, con todavía ese olor a detergente para piso. Recorrer con el chango, comparando precios, no hay apuro.

En el desayuno me gusta engancharme con alguna película, generalmente tipo 8 o 9 Disney Channel o sus derivados pasan algunos de sus clásicos o de Pixar. Hoy fue El Jorobado de Notre Dame.

A diferencia del resto de los días, los domingos ordeno sin escuchar música. Me gusta sentirme parte de ese silencio al encerar, baldear el patio, etc.

También disfruto de cocinar con tiempo, ya a eso de las 10:30 u 11 prefiero moverme porque al mediodía me gusta almorzar mientras miro un resumen deportivo de la semana. En el caso de hoy fue carne al horno con papas rústicas. Pero si me das a elegir, prefiero pasta.

Luego de almorzar me baño, vuelvo a ponerme el pijama y me acuesto a mirar algún partido, generalmente termina de fondo cuando duermo la siesta.

Al despertar meriendo y termino la media docena de facturas. Aunque ahora que se acercan los días calurosos, el café y facturas son reemplazadas por mate y un salamín con queso o tostadas. Obviamente que como en la cama, no voy a negarme ese placer.

El resto del día es un mix de ver partidos y películas. Estar con mi perra y si mi amigo se prende, jugamos alguna partida del Age of Empires II.

Ceno y dejo todo preparado para arrancar la semana (compras, salidas, etc)


viernes, 16 de noviembre de 2018

El chico del colectivo

El pie de Celia se deslizó estrepitosamente sobre la mesita ratona de la sala, volvió a levantar el pie y terminó de ajustar sus zapatillas de lona.
Estaba apurada, ya estaba llegando tarde al trabajo, tomó su bufanda de siempre, las llaves, y se llevó el tapado en la mano para no perder más tiempo. 
 Cuando llegó finalmente a cerrar la puerta, buscó la sube pero no la encuentró. Tanteó en los bolsillos desesperada. Un chicle viejo envuelto en papel, un ticket del supermercado, un billete de dos pesos que nunca tiró. "Dónde mierda lo dejé"
 Escuchó, a lo lejos el colectivo rugiendo. Con el corazón en la boca, se dio cuenta que se le había caído al suelo. La tomó y empezó a correr. Correr un colectivo,"¿ qué clase de pérdida de dignidad es esa?" pensó.
 El colectivo frenó justo cuando ella se acercaba, le abrió la puerta y ella subió agitada. Se tambaleó como todos los días dado que el colectivo dobla justo después de su parada. Una vez que logró estabilizarse buscó un lugar para sentarse.
 Las personas la miraban. Siempre la miraban. A veces pensaba que era por su belleza o fealdad, otras veces sentía que tenía el pelo mal arreglado o se había olvidado de limpiarse algún resto de pasta de dientes en la cara. 
 Celia tomó un asiento en el medio del colectivo y se pasó la mano por la cara para asegurarse que no estaba manchada con menta. 
 Y como todos los días, Celia estaba atenta a las calles. Atenta a no quedarse dormida en el trayecto, y a esperarlo. ¿A quien? No lo sabe. No sabe nada sobre él. Sólo sabe que es un tipo delgado, con mandíbula filosa y una mirada fría que irónicamente calienta el alma de Celia en cada viaje. Se subía justo a dos cuadras de la avenida  principal. Siempre a la misma hora. Con una camisa blanca abrochada hasta el último botón pero sin corbata, pantalón de gabardina y zapatillas. ¿Va a trabajar? ¿Quien iría vestido tan informalmente formal a un trabajo? ¿Qué clase de trabajo sería?
 Celia lo vió subirse y lo miró hasta que terminó de pagar su boleto. Se acercó hacia el fondo pero no pudo ir demasiado lejos dada la cantidad de gente que había. Celia lo miraba con curiosidad, procurando que no cruzar miradas. No sabía por qué, pero sentía que no podría hablarle jamás, que era un hombre demasiado apuesto para salir con ella. O tal vez no demasiado apuesto, pero en el fondo sentía que no era su tipo, pero aún así fantaseaba con poder serlo. 
 Cruce de miradas. Esquivo activado. Celia disimuló mirando hacia la ventana. Un calor interno la envolvió. Oh no. Tomate de nuevo? Por una mirada? Pero qué débil, se decía a sí misma.
 Las personas se fueron bajando. El joven se acercaba cada vez más hacia donde ella estaba. El rojo de sus mejillas se volvía cada vez peor, sentía la transpiración en sus brazos, se sintió asquerosa, ya la situación le disgustó. Estaba chivando de los nervios.
 Basta por favor.

Es hora de bajarse. Celia agarró las correas de la mochila y con cuidado se la puso tratando de no pegarle un codazo a su amor platónico. 
 Lo que más le gustaba era que ambos se bajaban en la misma parada. Aunque ya en ese momento prefería tirarse por la ventana. 
 Problemas...
 Él se acercó a la puerta antes que ella, y sabía lo que sucedía siempre. Una situación incómoda que no podia controlar, y no sabía cómo debía actuar.
 El colectivo frenó, él debió bajarse pero no lo hizo, y entonces le dijo "pasá, pasá". Ella educadamente trató de decirle "NO, DALE, VOS ESTABAS ANTES". Pero se lo gritó, toda roja y transpirada. Pero qué papelón como diría mamá.
 Y él, o por miedo o por caballerosidad insistió " dale, pasa vos". Y ella bajó diciendo un "gracias" apenas audible. Ya con los pies en la tierra emprendió su camino hacia la oficina, con el tapado todo arrugado en una mano y apresurando el paso.

¿A donde va él? ¿Qué gustos tendrá? ¿Me tendrá en cuenta? ¿Habrá escuchado el gracias? ¿Algun día podremos charlar hasta la madrugada en un café escuchando bossa Nova con el mar del fondo y una brisa cálida?
 Fantasía. Misterio. Amor.