lunes, 14 de agosto de 2017

Pasaron las PASO


Cada vez que llegan las elecciones, me traen un disgusto. El disgusto de ver a personas que se pelean por pertenecer a distintos partidos políticos, los spot de campaña, no poder entablar una conversación cotidiana sin que toquen un tema político.

Así es como al no ser parte de ningún partido político, prefiero ver la política como un género cómico, la cara amable de la tragedia. Recuerdo que en las reuniones del Centro de Estudiantes se formaba un ida y vuelta entre los chicos que militaban. "Que Marx esto, que Cristina lo otro", cuando en realidad nos reuníamos para organizar la limpieza general del colegio. Como secretario redactaba lo que decían y me quedaba callado, aprovechaba cuando el clima entraba en calor para que los protagonistas sigan discutiendo, mientras me robaba libros de la biblioteca.

Tengo una amiga que me dice que estuvo mal que haya anulado mi voto porque es mi deber cívico votar. Antes que nada mi deber es ir a votar, luego lo que uno introduzca en la boleta es optativo. Segundo, Argentina está entre los pocos países donde votar es obligatorio. En Grecia, cuna de la democracia, votar es optativo. Y me parecería mejor que fuera así porque demandaría un mayor compromiso por parte de los candidatos de atraer a la gente hacia su partido. Y tercero, ningún candidato me identifica: en la esquina de mi casa pusieron el centro de un partido, hace una semana era de Unidad Ciudadana, ahora es de Cambiemos y son las mismas personas. Esa panquequeada me repugna, reafirma mi convicción de que por la plata baila el mono. 

Pero esos no son todos los casos, valoro mucho a las personas que militan, obviamente con respeto y no de forma avasallante, tratando de introducir como un taladro su ideología. Valoro las personas que se acercan a los barrios, que donan su tiempo y dinero hacia una idea que creen que es lo mejor para el país, porque siendo sinceros, siendo de un partido o de otro, estas personas votan confiando en que su elección va hacia un equipo de personas idóneas que van a mejorar el país.

Igual me hago cargo de que somos un país jodido, por algo somos el país que tiene más psicoanalistas y consume el 25% de las bayaspirinas del mundo. Pero lo bueno es que vamos a sobrevivir, porque a fin de cuentas, hierba mala nunca muere.

1 comentario:

  1. Yo también probé un libro de biblioteca cuando fui Secretaría. Ahora no me siento tan culpable

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