sábado, 11 de febrero de 2017

Azúcar y limón

Había algo que dejaba a Noelia más atontada que cualquier cosa, más dispersa del mundo, de la realidad.
 Una mirada, sólo la mirada de aquel chico, con su media sonrisa inquietante, que lograba expresar en un sólo gesto la ternura que le tenía, el amor que sentía por ella.
 Su amor era como cualquier otro, romántico, fugaz, pero ella nunca lo había sentido antes, nunca se había sentido tan querida como con él.
 La distancia no les era un problema, a veces programaban ver películas al mismo tiempo, para hablar por teléfono al mismo tiempo también y así comentar los sucesos de la película. Era algo divertido, algo de ellos, algo especial.
 Sin duda lo más molesto resultaba la necesidad de dormir a su lado, Noelia sentía una paz al verlo dormir que deseaba quedarse así por horas.
 Noelia lo amaba, lo ama. Él también a ella.

 Es ese amor que aunque pasen cosas malas, aunque haya celos, inseguridades, saben que el sentimiento entre ellos nunca va a cambiar, porque es de esos amores fuertes, o al menos de los que no querés que terminen nunca.



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