lunes, 21 de noviembre de 2016

Una grata salida

Hoy fui a la primer función de lo que va a ser ésta semana de siete funciones con cortos de Buster Keaton en el festival de cine independiente de Mar del Plata. Al sentarnos en la sala esperamos unos minutos hasta que aparecieron tres personas, dos de ellos eran los músicos que tocarían de fondo en la película con un teclado y una guitarra electrica; el otro era un señor que no sé realmente quien era, pero comentaba respecto a Keaton y los cortos que se van a estar mostrando en el festival.
 Éste hombre comenzó a hablar comentando por qué se eligió en esa función repetir el mismo corto, ya que eran dos ediciones totalmente distintas, y habían sido encontradas hace muy poco por un francés que pasó diez años en busca de los cortos desaparecidos del increíble director de los años 20.
 Explicó la diferencia de los cortometrajes y largometrajes de Keaton, que tenían una esencia distinta entre sí ya que había ciertos chistes que no le resultaban convenientes para unos o para otros.
 El señor concluyó su diálogo mencionando que veríamos la primera edición, luego explicaría las diferencias y se reproduciría la siguiente edición.
 Resulta que todos estabamos expectantes a que empiece el corto y no empezaba, y no empezaba...y no empezaba. Resultó gracioso, pero me apenaba ese tipo porque hablaba de Keaton como alguien a quien adoraba con pasión. No sé bien qué les pasaba a los de la cabina, pero no despertaban.
 Unos minutos después comenzó la película. Y adivinen qué... la reprodujeron con el audio original. Los músicos se miraban entre sí, si la música estaba ellos no podían tocar. Con mi acompañante reíamos, no quedaba otra.
 De repente se cortó la película, y volvió a empezar, pero ésta vez sin sonido, como debería haber sucedido antes. Pero ya habían pasado unos minutos, lo que volvía todo aún más papelón de lo que ya era.
 Según el señor, a Keaton no le gustaba demasiado ese corto, decía que era uno de los más aburridos que había producido. Sin embargo nos reímos, fue cómico, y era original. Cabe mencionar que había una señora que reía detrás de nosotros como si estuvieran haciendole cosquillas. Hasta a veces reía como gritando de dolor, era muy extraño, y un tanto insoportable.
 El primer corto terminó, el hombre reabrió la charla pero las luces seguían apagadas. La paciencia de éste ya estaba culminando. Luego de un "Si prendieran las luces como habíamos arreglado sería mejor", las luces se encendieron.
 Explicó el cambio que debía realizar el director ya que las criticas a la primera edición no habían sido buenas, remarcando la integridad de las películas de que todo tiene que ver con todo, por lo cual si se cambia un detalle entonces deben cambiarse muchas otras cosas. Y esto es lo que sucedió, y de manera eficaz Buster lo logró casi sin imperfecciones.
 Al concluir el siguiente corto el señor ya resignado cerró con un "ya está", y la gente se paró para salir.

Caminamos por Rivadavia, después por la peatonal, y al caminar por ahí encontramos una banda de jazz tocando. Sonaban excelente, o al menos para mis oídos. Sonriendo tocaban una trompeta, un trombón, una guitarra, una armonica, un banjo y una batería.
 Escuchamos una canción, y luego me acerqué y les dejé unos billetes. Y bueno, como siempre me quedaron las ganas de hablar sobre jazz de preguntar si estarán en el festival. Hacer amigos jazzeros, eso sería lindo.

Caminamos otro rato, y la salida concluyó comprando café con medialunas para llevar y disfrutarlo, o quemarnos con él, en la diagonal Alberdi.


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