sábado, 1 de octubre de 2016

Saber sufrir



No tengo un recuerdo exacto como me pasó con el Jazz, mi memoria se torna borrosa cuando quiero recordar mi primer contacto con el Tango. Pero creo que es en la casa de mis abuelos maternos y mi abuela escuchaba am donde siguen pasando los clásicos.

Tras la muerte de mi abuelo (a mis 5 años), dejé de ir menos a la casa de mi abuela pero cada vez que escuchaba la palabra "Tango" me retrotraía a la casa de mi abuela mientras ella cocinaba y con mi abuelo jugaba a la pelota, y a modo de complicidad me regalaba un chocolatín antes de comer y después cuando me iba.

Luego, al tener 12 años me volví a interesar por el género y más que nada por su historia, exponentes, porque dentro de todo, es parte de nuestra cultura. Nuestro país, junto con el de Uruguay, es el del Tango. Así arranqué con Piazzolla, Gardel, fui a Goyeneche hasta Sosa (mi favorito). Entre paralelismos del Jazz, encuentro la melancolía del saxo de Charlie Parker, en el canto de Julio Sosa.

Se dice que es un género melancólico, y es que la verdad sus historias no son muy up que digamos pero rescato que es saber sufrir. Es un desgarro que a fin de cuentas termina en "todavía estoy acá". O como diría Julio Sosa "gambetear la pobreza".

Todos deberíamos identificarnos con el Tango porque es nuestro, únicamente pudo haberse creado en una ciudad cosmopolita como Buenos Aires, con sus italianos, españoles, turcos, etc. Así como el Jazz pudo haberse originado en New Orleans con sus ingleses, italianos y africanos. Usa nuestro lunfardo, el "che pibe", nos aconseja a base de experiencia y tropezón.

Debo reconocer que lo escucho pocas veces, pero lo convoco en momentos especiales cuando sé que me va dar un siginifcado como este.

Porque a fin de cuentas, como diría el maestro Discépolo:

"Al evocarte.. .Tango querido, siento que tiemblan las baldosas de un bailongo y oigo el rezongo de mi pasado."

No hay comentarios:

Publicar un comentario