Su voz por el teléfono era la misma, pero su respiración no. La misma charla, ir a su casa, como la otra vez. Estábamos solos, su esposo se había ido a trabajar, como la otra vez. Me hizo pasar, revisó que nadie hubiera visto mi entrada, como la otra vez. Me senté a ver la tele mientras ella se fue a la cocina a prepararme algo, como la otra vez. Miramos dibujitos pero no me abrazaba ni me acariciaba como la otra vez.
No hubo juegos ni secretos.
Se largó a llorar y me abrazó, me pedía perdón mientras se ahogaba en mi cuerpo. En ese momento supe que había otra persona en la habitación, no como la otra vez.

No hay comentarios:
Publicar un comentario