miércoles, 3 de agosto de 2016

Un viaje al nunca jamás

A veces me dan ganas de escaparme de casa. De abrir la puerta y que no me importe nada, con un "me voy a caminar" y no volver nunca más. Pero el clima nunca está para eso, menos ahora que hace mucho frío.
 Hablando en serio, últimamente sufro unas ganas constantes de desaparecer, de mudarme sola y no hablar con nadie a menos que realmente quiera. Crear mi propio mundo más allá de mi cabeza, un refugio, un lugar cálido donde sentirse presionada no exista.
 Poder tirarme en la cama a mirar el techo por media hora sin sentir culpa alguna. Despertar o comer a horas anormales sin que alguien cuestione. O simplemente no comer por falta de ganas.
 Dejar de compartir ropa, comprar lo que yo quiera.
 Poder decir basta y tener a donde escapar.

Después me doy cuenta que todo está re caro y que sólo soy una pendeja de 18 años que odia incluso ir a comprar a un kiosco.


No hay comentarios:

Publicar un comentario