Tomó las rodillas con sus manos y se acurrucó. Sus ojos le dolían, estaban rojos e hinchados. Se sentía agotada, pero no podía dormir.
Él se volteó, aún dormido. Ella lo miró, lo observó con detenimiento, las lágrimas corrían por su rostro, no podía contenerlo.
Abrió los ojos lentamente y luego suspiró. Limpió las mejillas de su pareja y le sonríó. La tomó de la cintura para acercarla, y le dio un cariñoso beso en la frente. Enredó sus piernas con las de ella y se puso a jugar con su pelo.
Lentamente los músculos de la joven se fueron aflojando, el frío fue cesando, y el corazón se fue recuperando. En tan sólo minutos sin siquiera notarlo cayeron en un profundo sueño.

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