domingo, 14 de agosto de 2016

Atardecer

El atardecer llegaba, ya era tarde, pero no demasiado. El orgullo y el nudo en la garganta la hacían ver temerosa, pero por su altura, nada parecía serio.
 Alto, flaco, algo desgarbado. La miraba con ternura, con timidez.
 Los nervios hacían que las miradas se alejen. Hablar de más y hablar de menos.
 Un paisaje de película apareció. El atardecer. El cielo rosado y anaranjado. Pero más rosado que nada. Y la línea de horizonte desaparecida. Parecía que fuera de las rocas de la orilla del río sólo había un abismo, o un charco de agua infinito.
 Ansiedad, mucha. Deseos, muchos.
 El primer beso. Y luego los siguientes. Risas, miradas, declaraciones. Tonterías, percances, imperfecto y perfecto.
 Y las personas alrededor no existían, y los ruidos desaparecían. Y como si fueran amantes de toda una vida, se fusionaron sin dudarlo.

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