Alto, flaco, algo desgarbado. La miraba con ternura, con timidez.
Los nervios hacían que las miradas se alejen. Hablar de más y hablar de menos.
Un paisaje de película apareció. El atardecer. El cielo rosado y anaranjado. Pero más rosado que nada. Y la línea de horizonte desaparecida. Parecía que fuera de las rocas de la orilla del río sólo había un abismo, o un charco de agua infinito.
Ansiedad, mucha. Deseos, muchos.
El primer beso. Y luego los siguientes. Risas, miradas, declaraciones. Tonterías, percances, imperfecto y perfecto.
Y las personas alrededor no existían, y los ruidos desaparecían. Y como si fueran amantes de toda una vida, se fusionaron sin dudarlo.

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