lunes, 8 de agosto de 2016

Así no.

Con esto de tener el pelo corto, como siempre tengo el pelo del mismo modo, he decidido cambiar mi aspecto con maquillaje o con sombreros y pañuelos. Los pañuelos los usé todo el verano, aunque no me encantan. Tengo cuatro gorros de lana, un gorro ruso (que usé tooooodo el invierno pasado), quince pañuelos (y juro que no exagero), y mi última adquisición.
 Mi última adquisición es un bombín, el cual para mí representa muchas películas viejas que admiro e incluso algunas actuales con ambientaciones muy agradables. Me siento una francesa al usarlo, más el pelo corto me encanta.
 ¿Pero cuál es el problema en todo eso?
 La mirada de la gente. La mirada de "quién usaría un bombín o un gorro ruso en la calle", la mirada de rechazo al pelo corto, al delineado de día y no de noche. Lo mismo con usar vestidos, lo mismo con usar zapatos altos durante el día.
 Me gustaría que no me importe en absoluto, pero soy humana y me afecta. Yo los sigo usando, me gusta, son parte de mi personalidad y de cómo quiero expresar lo al mundo. Sin embargo siempre está la gente cerrada que critica si usas o no usas determinada prenda.
 No sé si es algo de los argentinos, tal vez sí, porque en Estados Unidos o Europa la gente usa vestidos sin vergüenza, sin desconfianza.
 ¿Qué problema hay si quiero usar medias negras con vestido en verano? Ninguno, pero todos tienen un estándar de moda que según ellos debe cumplir todo el mundo.
 Aparte, si fue algo grotesco o que realmente no encajara, lo acepto. Pero me van a decir que usar unas prendas normales, zapatos altos y un bombín es peor que usar esas calzas de leopardo con una campera fucsia? Así no, gente.

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