jueves, 18 de agosto de 2016

19 pirulos

Yo pensé que eso de crecer y que los cumpleaños sean peores era un mito de los viejos por arrugarse y demás. Pero en estos años, me he dado cuenta que no va por arrugarse o no. Creo que va por madurar, por las responsabilidades que uno tiene encima y los mambos en la cabeza que provocan siempre una especie de desilusión. Nunca alcanza, nunca van a ser tan copados como cuando lo festejabas en peloteros. Nunca vas a bailar tan alegre y ridículamente comí cuando tenías ocho años.
 Crecer es un asco, la verdad. Y decir que cuando tenía quince me moría de ganas de ser mayor de edad. Desde los catorce que sueño con mudarme a mi propio departamento, con mi estilo, mis tiempos, mis silencios cuando cumpliera dieciocho. Pero pam! La realidad te golpea, te dice "no, boluda. La vida no funciona así". Heme aquí, con diecinueve pirulos, saliendo a caminar porque no consigo estar tranquila en mi casa.
 Tal vez mudarme sola a los dieciocho no era lo mejor, supongo. Posible sé que no era. Pero bueno, ese escape que a veces me doy de ir a caminar por mi barrio me sana un poquito esos sueños rotos.
 Me gusta caminar hasta la costa( que no me queda lejos), cruzar la avenida de los trabajadores, subirme al puente oxidado frente a la laguna, y dejar colgando las piernas en el aire. Con los auriculares reproduciendo lo primero que salga.
 Es lindo porque las personas en los coches tocan bocina, algunos pasan por debajo de mis pies adrede. Creo que en esos momentos que me siento sola, me sirve para estar acompañada de gente desconocida y pasajera. No lo sé, me resulta agradable. Más allá de poder ver el mar desde ahí arriba, recordando a mi viejo, pensando qué pensaría de mi ahora.

Hoy fue un día más, lo cual es triste, pero supongo que así debe ser. Sólo queda recordar los hermosos cumpleaños de pequeña y sentir de nuevo las manos de mi papá en mis hombros al cantar el feliz cumpleaños. Y sonreír por un rato, si lo logro.


No hay comentarios:

Publicar un comentario