lunes, 11 de julio de 2016

¿Qué lees?

Subió al colectivo cansada luego de un largo día. No pensaba más que en llegar a su casa y quitarse los zapatos.
 Una luz. Si, fue como eso. El libro de un muchacho llamó su atención como una luz brillante. El joven tenía un gorro de lana en la cabeza, y lo usaba para aislar los golpes que la ventana daba a su cabeza. Totalmente relajado, y a la vez concentrado, pasaba las hojas con bastante rapidez.
Ella trató de leer el título del capítulo: El último... No lograba ver bien desde su ubicación. Deseaba que la señora que se sentaba al lado del muchacho le cediera el lugar.
 Un rulo escurridizo molestaba sus ojos al leer, daba cierta ternura.
 El asiento delante de la señora de liberó. Las piernas cansadas pedían a gritos sentarse. Lo hizo, y cuando podía miraba con el rabillo del ojo al muchacho.
 Pasadas unas cuadras ella no se pudo contener. Volteó la cabeza y sin dudarlo le habló.
-Hola, me da mucha curiosidad qué estás leyendo. ¿Cómo se llama el libro?
El joven la miró perplejo y luego reaccionó.
-"Erasmo de Rotterdam"
Ella se quedó dubitativa.
-Mmm, no lo conozco. Pero apuesto a que es bueno, pasabas las hojas muy rápido.
Un poco nervioso asintió con la cabeza.
-De qué va el libro?
La señora sentada junto al muchacho los miró con extrañeza, y un poco de aspereza.
-Si te cuento no lo vas a leer
Ella seguía sonriendo sin pensarlo.
-okay, si vos lo decís.
Sintió un poco de desilusión. ¿Cuantas veces le hubiera gustado que alguien en el colectivo me preguntara qué lee?
Pasaron dos avenidas y muuuchas cuadras. Ella sólo se quedó en escuchando música con sus auriculares y cada tanto lo miraba de costado.
 De repente sintió que alguien la llamaba. El asiento junto al joven se había liberado. Él le sonrió amistosamente.
-Vení, sentate así te cuento de qué trata.
Y el rostro de ella volvió a iluminarse.


Un brusco movimiento la asustó. Se había pasado 5 cuadras de donde tenía que bajar. El muchacho pidió permiso a la señora y se bajó. Ella, despabilandose un poco, se puso de pie para bajarse. No había sido más que un sueño.

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