martes, 26 de julio de 2016

Perfectamente imperfecto

Odio la playa, tengo que confesarlo. No me gusta la arena en mis zapatos, la humedad de la costa en mi pelo, mis manos pegajosas, el viento azotador. Sin embargo, para colmo la costa ha resultado el lugar donde me han ocurrido más momentos románticos, donde más me he sentido bien.
 Momentos como quedarme sentada junto a alguien en el muelle y mirar cómo las olas pasan debajo de los pies. Las largas caminatas por la costanera. Tenderse en la arena caliente y escuchar el mar con los ojos cerrados. Juntar caracoles. 
 No lo sé, me resulta muy curioso. 
Es más, hay veces que me resulta realmente atrapador ver la ciudad desde la playa. Ver los edificios gigantes y sentirme pequeña, sentir que miro la ciudad desde afuera.
 Uno siempre sueña con que los momentos perfectos sean en los lugares perfectos. Pero a veces esa imperfección es la que lo vuelve perfecto.


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