viernes, 29 de julio de 2016

Otra tonta historia de amor

Julia subió el volumen de la música y siguió cortando las verduras, ignorando completamente los brutos golpes en la puerta de su casa. Ella tarareaba la canción, y sonreía con sus pensamientos.
 Se acomodó el flequillo y dio un buen trago a la botella de vodka. Su garganta ardía, así que tosió un poco.
 Ahora se oían gritos, incluso con la música al máximo.
 Julia buscó la cebolla de verdeo en las bolsas de compras, pero no las encontró. Abrió la heladera esperanzada, pero no.
 Su mirada quedó fija en el azulejo roto junto la cocina. Como si estuviese en blanco.
 Clavó el cuchillo en la tabla, tomó la botella y se dirigió a la puerta.
 Hugo la mira estupefacto. Había querido tanto que abriera la puerta que olvidó lo que iba a decirle.
 La música aún sonaba fuertemente. Se miraron confundidos, pero se entendían profundamente. Julia tenía los ojos rojos.
 Ella cerró la puerta pero Hugo puso el pie en el umbral para evitarlo.
 -Andate
Y luego de decir eso soltó la puerta y volvió a la cocina. La puerta estaba abierta de todos modos, así que él entró. Bajó la música y se acercó a ella.
 -No me voy a ir
 Julia por un segundo se sintió esperanzada, pero luego volvió a tomar la botella y beber un trago. Hugo trató de quitarsela, pero fue inútil.
-Dale, tonta. Te lo estoy diciendo en serio.
-No me digas tonta. Si te vas a ir igual. Me vas a dejar sola acá
 Julia mantenía su rostro duro y enojado, mientras las lágrimas rodaban por las mejillas sin contenerse.
Hugo toma con delicadeza sus mejillas y la mira con tristeza.
-No entendes Juli, me voy a quedar acá, con vos
Ella se queda en silencio y mira al piso.
-Y tu trabajo? Tu fama?
A sólo centímetros de ella, levantó su barbilla empapada en lágrimas.
- Yo sólo quiero fama por hacerte feliz, nadie va a recordar mis libros salvo vos
Julia se soltó, dio media vuelta y tomó el último trago de la botella.
 Entonces se rindió, soltó su tenso cuerpo, y se desarmó en el suelo como una muñeca de trapo. Sus lágrimas se transformaron en un llanto un tanto estrepitoso.
-Soy una egoísta!-dijo mientras se agarraba la cabeza.
Hugo preocupado se agachó y la tomó de las muñecas. Pero él sonreía, sonreía como si nada de eso estuviera pasando.
-No seas tonta. No necesito viajar. Si viajo a algún lado te voy a llevar conmigo.
 Ella levantó la cabeza levemente.
-En serio?
Una carcajada rompió con su tristeza. Nunca había reído tanto en su vida.
Julia estaba alegre en dos segundos.
-Me parece que tomaste un poquito de más, Juli
 Y se besaron apasionadamente como en una película típica de un domingo.


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