Ya que Nico contó su experiencia con el psicólogo creo que me gustaría poder contar la mía, aparte de no tener un tema que escribir para hoy.
Hace un año o dos creo fui a un psicólogo, era en una salida porque no nos parecía a mí familia pagar a alguien por escuchar, porque realmente el tipo no hizo más que eso.
Hablaba sobre mis problemas para relacionarme con la gente, el ponerme roja, la depresión por mi papá, etc. Pero jamás, ni una sola vez me dijo algo que realmente me ayudara a superar algo de eso. Sólo escuchaba y a veces discutía ciertos puntos de vista.
Le di mis cuadernillos, mis sagrados e intocables cuadernillos, con mis cuentos y pensamientos de todo y de todos mis conocidos.
Me los devolvió a las dos semanas, me contó las cosas que le causaban gracia, cosas de típica adolescente, problemas con chicos. Lo peor de todo fue darme cuenta tarde que incluso hablé mal de él en uno de mis cuadernillos. Creo que había escrito algo así como que su trabajo me parecía algo totalmente innecesario, un invento de la gente para solucionar problemas que terminan resolviendo por si mismos. Le pedí disculpas, aunque sé que no le gustó, o eso supongo.
Lo dejé una vez y volví unos ocho meses después. No sé por qué volví, simplemente sentí que quería charlar con alguien. Pero era inútil, porque incluso el psicólogo me juzgaba, o me aconsejaba cosas que eran imposibles para mí. "Si querés comprarte ese saxofón, compralo. Cuando quisiste cortarte el pelo pasaste por encima lo que tus papás pensaban". Pero era como si no entendiera por qué había cosas que podía hacer y por qué otras no, y no hay peor cosa que hablar con alguien que no te entiende.
Descubrí que lo que yo necesitaba era una mascota, para hablar con alguien con vida pero sin que me reproche algo o me diga que me contradigo, una verdadera descarga. Pero mamá no me deja tener mascotas así que sólo me quedan los cuadernillos.
Al final tenía razón. Si nuestros antepasados han podido resolver sus problemas sin tener que contratar a un desconocido para que los escuché, entonces yo puedo sola.

No hay comentarios:
Publicar un comentario