jueves, 2 de junio de 2016

Testaruda e insistente

Es gracioso que recién ahora esté aceptando el hecho de que tengo metas muy altas, tal vez demasiado altas. Nunca lo quise aceptar, no sé bien por qué, de terca no más. Mi papá me insistía con que baje un poco mis metas para no decepcionarme en el caso de que no salieran. Yo me negaba, insistía con mi elección, y nadie me iba a hacer cambiar de parecer.
 Cuando a los 12 años heredé mi primer y único piano me emocionaba por poder aprender lo más pronto posible esas canciones que tanto adoraba, que para una principiante como yo eran imposibles. Tal vez si hubiese tenido más constancia al tocar hubiera aprendido más rápido, pero luego de dos años de práctica logré tocar la canción que quería, utilizando ambas manos con diferentes tiempos. Esa era mi meta, tocar ese tema específico. Y aunque mi papá me dijo que me iba a estresar (y tico razón) lo logré.
 Yo creo que nada es imposible con ganas y esfuerzo, el problema es cuando no hay alguna de las dos, ahí sí hay que bajar las metas.
 Yo sabía que podía aprender a tocar esa canción de oído. Sé que soy capaz. Y en la poca vida que tengo he probado mil cosas para explotar mi capacidad casi al máximo. Dibujo, escribo, toco música, canto, hago manualidades. No seré perfecta en todas, pero algo me sale y eso es lo importante.
 Para esa gente que dice "yo nunca podría hacer eso", con ganas y esfuerzo cualquiera puede. ¿Saben cuanta gente vi en diseño industrial que jamás se había sentado a dibujar y ahora está dibujando perspectivas?
 Propongan de metas, altas o no son lo que nos mantiene vivos. Hasta tengo fe en que nos alarga la vida un poquito más, la vuelve más interesante. Una aventura.
 Hagan de su vida un libro interesante. Dejen una huella para que los recuerden por algo que sintieron e hicieron. ¿O querés ser uno más del montón?

No hay comentarios:

Publicar un comentario