-A foggy day, un London town, it had me low, and it had me Down...
La voz de Alicia resonaba en todo el departamento mientras ella se duchaba.
-I viewed the morning, with much alarm...
Su voz era dulce, era encantadora. Fernando se había quedado dormido en el sofá hace ya unas horas. Estaba agotado. Un dolor de cuello lo hizo despertar, y entonces escuchó la voz de su pareja. Lo volvía loco. Amaba eso de Alicia, le resultaba tierno. Sólo cantaba en la ducha, procurando que nadie la escuche. Pero a veces era inevitable.
Fernando se puso de pie para acercarse a la puerta. Apoyó su espalda contra la pared y se quedó escuchándola.
-And suddenly, I saw you standing right there...
Se quitó los anteojos y los limpió con su sweater.
Alice cerró la canilla, se envolvió en una toalla y tarareando la canción abrió la puerta. Fernando ya no estaba allí, sabía que a ella le molestaría si lo encontrara en esa situación.
Luego de cambiarse fue hacia la cocina. Él estaba allí, preparando un té de frutos rojos. Besó su mejilla y tomó la taza llena.
-Está noche no voy a estar, voy a ver a mis amigas, es noche de cartas.
Fernando sonrió como afirmando, pero no le gustaba la idea. Todos los viernes por la noche eran así, y los viernes eran esos días en los que él llegaba agotado del trabajo y deseaba buscar reparo en Alicia. Un poco de amor.
-No queres hacer algo con tus amigos? Te veo un poco decaído
-No, sabes que no tengo muchos amigos. Estoy muy cansado, eso es todo
-Está bien.
Alicia le dio un dulce beso luego de un "te amo" y fue a prepararse para salir.
Él estaba cansado, pero no sólo del trabajo, de su vida, de ver cómo todo resultaba tan monotono, de ver que su amor al verlo decaído apenas se inmute.
Ella se fue, dejó una marca de labial carmesí en su mejilla y cerró la puerta.
Fernando se dispuso a hacer algo distinto. Pensó en cosas alocadas o sin sentido que a lo mejor podrían distraerlo un poco de su soledad. De patas para arriba tratando de hacer yoga, sin más resultado que dolor de músculos. Escuchar música fuerte y cantar sólo a los gritos, pero sólo sirvió para que los vecinos se quejaran. Hacer estrellas con fósforos, y el tacho de basura un tanto chamuscado. Salgar en la cama, aunque las maderas crujieran más de lo normal. Armar un caballo de origami, que terminó siendo decenas de bollitos de papel en el suelo.
Sólo quedó la opción de salir. Salir al mundo real. Ver gente. Socializar.
Tal vez beber como nunca lo haría distraerse del todo, o en su defecto, hacerlo llorar a más no poder. Eso no lo podría afirmar.
Se puso los zapatos y bajó para encaminarse al primer bar que encontrara. "Le feu" fue el primer bar que encontró. No parecía muy atractivo pero qué más daba. Se sentó en una mesa y pidió un whisky. Había más hombres que mujeres en ese lugar, y eran mujeres horrendas.
Un trago, una lágrima, otro trago, la mirada del mozo.
Fue entonces cuando oyó la voz de una mujer, una voz dulce y atrapante. La voz de Alicia, o eso parecía.
Una mujer vestida con pocas ropas salió a escena. Era un bar nudista. Fernando se puso de pie y la miró con desprecio. No había duda, era ella.
Lo bueno de aquel episodio fue que Fernando logró salir de la monotonía. Luego de eso cambió de vida. Dejó a aquella mujer que había roto su corazón y logró por fin hacer cosas distintas con otras personas. Se sentía engañado, estafado, y peor de todo, un imbécil.

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