domingo, 5 de junio de 2016

Removiendo polvo a cosas viejas

Está vez voy a dejar algo que escribí hace un tiempo en ni otro blog. Por si alguno es curioso y quiere pasar por ahi se los dejo: atresmetrosbajolatierra.blogspot.con

Este cuento se llama "Muñeca de piel". Más que un cuento es una escena, como la mayoría de las cosas que escribo. Lo escribí pensando en un chico que me gustaba, era muchísimo más alto que yo y era todo un hombre, y yo me sentía un microbio a su lado. Lamentablemente no pasó a más que una cita, pero me inspiró a escribir sobre ese detalle.

Muñeca de piel

Julieta estaba cansada de que la traten como una pequeña. A poco de cumplir 18 años ya quería sentirse adulta, sin embargo su cuerpo se lo impedía de algún modo. Ella era muy baja de estatura a pesar de su edad, sus pómulos remarcados y con un sonrojo permanente la hacían ver como una niña. Ella era hermosa, poseía unos rizos colorados perfectos, ojos claros de un verde hierba y la tes bastante pálida. Era alguien a quien daban ganas de proteger, de abrazar y de contener. Pero ella no quería, le gustaba que la trataran bien pero se sentía inútil pareciendo una niña a quien debían consentir.
 Julieta gritaba enfadada a Lucio, su novio.
— Yo realmente no entiendo cómo no te entra en la cabeza. No es muy difícil.
 Lucio la comprendía, pero le resultaba inevitable no tratarla como tal. Un silencio inquietante rodeó la cocina. Lo único que se oía eran los platos de vidrio que ella apoyaba con fuerza sobre la mesada.
— No creo poder tratarte diferente. Vos tampoco te comportas siempre como una adulta- replicó él.
— ¿Venir a tu departamento a cocinarte no es de adulto?
— Sabes a lo que me refiero. Además imagino que venís porque me querés ver, no para cocinarme solamente.
— Pero no tiene nada que ver si me comporto o no como una adulta. Lo que quiero es que no me trates mas como una nena.
— Tengo derecho porque soy mayor que vos- dijo Lucio con un tono de humor.
 Él tenía 20 años, ya estaba tratando de emprender una vida estable. Estudiaba psicología en una universidad cerca de su departamento.
— Te estoy hablando con seriedad, Lucio.
— Yo también- sin embargo, no pudo evitar sonreír. Luego soltó un suspiro, sabía que no iba a ganar la discusión. Le encantaba verla emberrinchada, le daba ternura su voz gritona, se le agudizaba mas que de costumbre.
 Julieta empezó a poner la mesa para el almuerzo.
 Él la toma por la cintura, atrayendola así hacia él.
— Salí, soltame. Total yo soy una boluda bárbara- ella siguió con sus tareas.
— Yo no te dije boluda.
— ¡Pero si me tratás como una!- volvió a gritar.
— ¿Siempre voy a ser yo el que se equivoca?
— A ver si te dejás de victimizar un poco.
— Mirá, me tenés re podrido.
 Ella empezó a sollozar por lo bajo.
 Un estrepitoso ruido inundó la sala. A Julieta se le cayó accidentalmente una ensaladera al suelo, rompiendose así en mil pedazos.
 Comenzó a llorar con mas fuerza mientras trataba de arreglar lo que hizo. Lucio la tomó por la espalda para que se detuviera, pero ella seguía llorando.
— Dale, levantate, no pasa nada. Dejá que yo lo limpio- le dijo, acto siguiente la levantó del suelo cubierto de vidrios hechos añicos.
 La alzó y la posó en el sillón. La tomó de las mejillas para secarle las lágrimas.
— Mirá si serás ruidosa ¿eh?- le dijo sonriendo.
 Mientras él limpiaba el suelo, de a poco ella se iba tranquilizando. Luego de terminar, Lucio le trajo una frazada y la cubrió, como un padre a una niña.
— ¿Ya estás mejor?- le preguntó tomandola de la barbilla. Ella asintió tiernamente.
— Sos de terror- siguió hablando. Luego la besó suavemente- No sé qué voy a hacer con vos.
 Ella lo abrazó fuertemente con sus brazitos. Parecía un mono, viendo el tamño de su cuerpo comparado con la espalda enorme de él.

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