Me gustaría volver un poco atrás en el tiempo, en 1981, año en que se estrenaba la primera Indiana Jones, dirigida por Steven Spielberg. Un Spielberg que era vapuleado por lo que hacía, "películas para la gente" rezaba un artículo del New York Times de manera despectiva. Y resulta extraño que en 2016, Spielberg siga siendo mirado de reojo y no tomando como un verdadero narrador y artesano del cine, gente que lo critica por la mera ignorancia y ego de diferenciarse de nosotros en películas con una connotación más "arte", que de arte y lenguaje del mismo carecen bastante.
Hoy en Space pasaron todas las de Indiana Jones y me emocionaba verlo, el compromiso del espectador, la belleza, la narración de la cámara, personajes, música, vestuario, todo es perfecto. Luego están los falsos dioses del cine que se creen artistas cuando nuestro amigo Fritz Lang le dijo a Friedkin que "el director no debe ser un artista, sino un artesano".
Es por eso que voy a enumerar una escena de Raiders of the lost ark, a difícil elección pero decidida al fin.
El ídolo dorado: El tiempo máximo de corte en esta secuencia es de 11 segundos. Un tiempo mínimo que se aprovecha al máximo en parte de la escena con el plano fijo y los actores en movimiento, o la cámara acompañando la acción de los actores. A medida que Indiana Jones se acerca al ídolo, luego cuando lo obtiene y se genera la trampa, el corte es más recurrente transmitiendo la idea de acción y la música siendo un protagonista más. La escena de la bola gigante como set-piece, una minipelícula dentro de la película pero que continúa con la trama central, la acción sigue adelante, no se detiene para exponerla, acompaña la trama.
Una oda y escuela de cómo enseñar a filmar. CREO EN SPIELBERG.

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