Hoy cumpliría 90 años Miles Davis, debe ser el músico más reconocido de Jazz, más que Armstrong, puedo decir a defensa de Satchmo que este ya se ha convertido en una figura, un ícono de la música ya trascendiendo el género. Pero Davis, uno piensa en Jazz y piensa en Davis, la figura del jazzero, el hombre con su trompeta ante todo el mundo expresando su creatividad.
La primera vez que lo conocí fue con "Kind Of Blue", su mejor disco y el más vendido del género. Para un chico que estaba acostumbrado a realizar el Jazz con las orquestas de Glenn Miller y Benny Goodman, fue un sonido que podía compartir en soledad, esa es la palabra. Se dice que Davis le habla a la persona solitaria dentro de nosotros, no nos aconseja, nos acompaña que a veces es mucho mejor que tratar de mejorar lo que nos sucede, estar, simplemente eso. Ese disco en especial, donde también participan John Coltrane y Bill Evans nada menos, se grabó en una sola toma en base a algunos garabatos de Davis. Siguiendo la escuela de Charlie Parker de improvisar que la aprendió cuando este lo invitó a ser parte de su banda cuando tenía nada más que 17 años.
Fue egoísta con las relaciones que tuvo, posesivo, inseguro. Vivir en un mundo donde tu talento no es reconocido por tu color de piel no debe ser fácil, y la frustración puede desembocar en el alcohol y las drogas. Pero su música, por favor, única, vanguardista, inspiradora, hace cualquier viaje en colectivo una experiencia que hace no querer bajarte y seguir hasta que termine el disco.
Hay una frase de él que tomo siempre para escribir:
"Antes que nada toco para mi, si al otro le gusta, mejor".
Ahí está la esencia, su fuerte personalidad, de no negociar su estilo ante nada y ser fiel a los ideales de uno. Gracias Miles por enseñarme tanto.
Acá en una foto con una tal Jeanne Moreau, tranqui.


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