domingo, 8 de mayo de 2016

Malas relaciones

Paula nunca había creído en las relaciones a distancia. Reía a carcajadas cada vez que una de sus mejores amigas le decía que cumplirían un año de novios y sin cuernos con alguien que vive a miles de kilómetros. Sin embargo hubo una ocasión en que realmente se enamoró de un muchacho. Sus padres eran de viajar mucho a causa del trabajo, por lo tanto ella los acompañaba. La vez que viajaron a Entre Ríos se rompió la casita rodante en la que andaban, por lo cual tuvieron que pagar un hotel por unos cuantos días. En ese período de tiempo conoció a un muchacho muy simpático que pronto sería el amor de su vida. Él se hospedaba en la habitación junto a la suya, y se pasaban mensajes por debajo de la puerta.
 Paula se sentía tan atraída al chico que siguieron conversando por chat durante largos meses, hasta que un día él le propuso una relación a distancia. Ella, desde la pequeña ciudad de Balcarce, desconfiaba de qué tanto podría durar, sin embargo aceptó. El tiempo pasó, videollamadas pasaron, cartas y regalos también.
 Ella llegó a un punto en el que realmente no podía soportar estar tan lejos, y decidió sorprenderlo viajando hasta allá.
 Preparó sus bolsos, sacó el pasaje y viajó en busca de su amor. Al llegar, en el aeropuerto, como no tenía idea de la dirección del chico tuvo que llamarlo y decirle que ella estaba ahí. El muchacho no pareció demasiado entusiasmado pero aceptó verse en la costanera frente al río.
 Ella usaba un encantador vestido verde pino a estrenar para esa ocasión. Había gastado todos sus ahorros para ir.
 El joven llega, caminando tranquilo, con las manos en los bolsillos. Le sonríe y la saluda con un beso en la mejilla. Un pinchazo en el corazón de Paula se hizo presente. Una desilusión, una tristeza la inundó completamente. Había soñado con ese abrazo de película en el que el chico la alza por los aires emocionado, pero no. Un saludo seco.
 Se sentaron en un banco a conversar. Pero la conversación no iba más que en cosas comunes, él estaba queriendo decirle algo, y ella lo estaba notando. No la miraba a los ojos como lo hace una pareja, no se acercaba a ella. Paula sentía cada vez más dolor.
 Se cansó, en un momento Paula decide preguntarle por su comportamiento, él le explica que tal vez ser novios a distancia no era la mejor idea. Que tal vez era mejor buscar a alguien más cercano. Que él tenía necesidades.
 Paula sacó de su pequeño bolso un papel en blanco y una birome, escribió algo en él procurando que el muchacho no pueda leerlo. Ella le sonríe una vez terminado de escribir su nota. Se pone de pie, aún sonriendo, y le tiende el papel para que lo tome. El chico agarró el papel y sin dar tiempo a nada Paula volteó y se fue.
 El muchacho leyó el papel sin comprender absolutamente nada:

"Puto el que lee"


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