miércoles, 4 de mayo de 2016

Hockwood

La llamaban la Chica Vampiro, no porque en realidad lo fuera, sino porque cuando lograba tener la presa a sus pies, con el corazón latiendo tan rápido como las alas de un colibrí, débil en todo su ser por esa belleza tan inhumana, ella lo tomaba entre sus pequeños brazos y mordía su cuello, volviéndolo loco, sin escapatoria, como si no pudiera mover ya ninguna parte de su cuerpo. La excitación a un nivel descomunal. Era como la prostituta más oculta del pueblo, o eso se decía.
 Sin embargo muy pocos pudieron llegar a estar tan cerca de ella. Era muy solitaria, detestaba al mundo. Jamás sentía conformidad.
 El popular nombre de la Chica Vampiro corría de oído a oído en el pequeño pueblo de Hockwood. Cada vez que desaparecía se creaban rumores de qué muchacho había logrado a tenerla, como si fuera un objeto. Estaba tan cansada de todos esos rumores que por eso prefería encerrarse en su pequeña casa, junto al bosque.
 Un día, un joven de un pueblo vecino se mudó a Hockwood. Era una persona detestable, arrogante y altanera. Su nombre era Charles Bucket. Todas las mujeres del pueblo morían por él, pero Charles era una persona que no podía amar. Su corazón cerró cuando su único amor falleció en un accidente. La única descarga que encontraba era la caza, precisaba de tanta concentración que lo abstraía de la realidad.
Una tarde, Charles volvió de cazar un par de patos para la cena y se dirigió a un bar allí, en las afueras del pueblo. Un silencio se hizo en ese lugar cuando entró, luego todos siguieron conversando como si nada hubiera pasado. Charles se acercó a la barra, mirando confundido a los comensales. Un hombre viejo, con una barba exageradamente larga lo atendió, luego le sirvió un porrón de cerveza. Respiró hondo, bebiendo de a tragos pequeños. El ruido de las personas conversando y el repiqueteo de los cristales lo tranquilizaba de algún modo. Junto a él, un par de señoras muy feas conversaban entre sí sobre la Chica Vampiro, Charles no pudo evitar escuchar. Comentaban que se había descubierto el paradero de la chica, que no estaba muy lejos del bosque. Él sintió un escalofrío, ¿un vampiro real en este pueblo?. Las señoras reían ridiculizando el aspecto de la joven, preguntándose si tal vez jamás se había tratado de una chica bella.
 Charles bebió la cerveza de golpe, y luego de pagar se dirigió al bosque, olvidando allí los dos patos. Era un muchacho soñador, había tratado de salirse tantas veces de la realidad que ya no podía distinguir, además de su ingenuidad con los mitos y leyendas.
 Corrió hacia el bosque, hundiéndose en la nieve. Si lograba atrapar a la Chica Vampiro, tal vez llegaría a ser reconocido por alguien. Estaba cansado de que la gente le dijera que no era de una personalidad agradable.
Corrió en busca de una casa escondida. Pero era en vano, sólo había más y más pinos que lo confundían en su ubicación. Ya casi por oscurecer escuchá un sonido, era una voz. Su corazón latía fuertemente, la había encontrado, claramente no podía ser tan difícil para él. Charles apresuró el paso hacia donde provenía el sonido. Unas risas. Las ramas de un pino se movieron de repente. Se detuvo y sacó del cinturón la cuchilla que usaba para cazar. Lentamente tomó la rama del pino y la movió. Un ciervo lo miraba fijamente. Jamás había podido cazar uno. El animal se quedó inmóvil, el vapor a causa del frío salía de su hocico con rapidez.
-Ni se te ocurra tocarlo.
 Una mujer de cabellos negros lo apuntaba con un cuchillo.
 Charles se acercó y el ciervo salió disparado entre los pinos.
-Gracias por arruinarme la cena- exclamó ella con rostro furioso. Sin más que decir se alejó.
Como hipnotizado, la siguió, sin decir una palabra. Ella no se percató hasta un par de metros de donde estaban. Se volteó y lo miró confundida. Charles tenía la mirada fija en su rostro.
-Te puedo ayudar en algo?
 Él negó con la cabeza pestañeó de una vez.
-Entonces?
 La resolana se reflejaba en los ojos de la joven volviéndolos brillantes y relucientes. Era preciosa.
 -En serio, no me sigas.
 Charles reaccionó, como si lo hubieran despertado de un sueño. La dejó alejarse, pero no la iba a dejar ir, jamás había sentido tal atracción por alguien. Trató de seguirla con unos metros de distancia, pero cuando la noche cayó la perdió de vista. Para Charles era imposible que ella sea la Chica Vampiro, su imagen de los vampiros eran personas deformes y horribles con colmillos de tres centímetros. No encajaba.
 Lo que no había tenido en cuenta era cómo volvería al pueblo, se internó tanto en el bosque que perdió el sentido de ubicación. Comenzó a caminar sin rumbo alguno. Sólo podía escuchar sus pisadas en la nieve. El frío lo estaba consumiendo. Pasada ya casi dos horas caminando, cayó al suelo, su mandíbula no dejaba de temblar, solo le quedaba aferrarse a sus ropas con fuerza y procurar no morir allí.
 El tiempo pasaba más despacio que nunca, o eso le parecía a él. Miles de recuerdos venían a él. Pensaba en su único amor, la recordaba tan bella. El amor lograba que dejara de lado todo eso que la gente detestaba de él. Cerraba y abría los ojos, teniendo una especie de visiones, como si se encontrara en miles de lugares a la vez. Como si viera toda su vida en un segundo. Allí estaba él, recostado frente a un hogar encendido, mirando el cuerpo desnudo de su amada. Luego ella desaparece y todo se nubla. Otra escena, su amada y él sobre el lago congelado, las risas. Pero no era ella, no era su risa. Era la risa de la joven del bosque, no lo comprendía. Ella comienza a resbalar y cae sobre el hielo quebrándose y tragandola como un monstruo. Su rostro cambia, su amada se transforma en la mujer del bosque. Abre los ojos de repente, estaba delirando. Vuelve a la realidad. Estaba nevando, sentía los copos caer en su rostro. Pensaba por qué tardaba tanto en terminarse todo. Pensaba en lo injusta que era la vida para él, él no merecía todo eso. No merecía morir así. Juntó fuerzas de quién sabe dónde y trató de ponerse de pie. Con lo poco que le quedaba de voz, y perdiendo un poco de su orgullo, trató de gritar ayuda. Tratando de no caer, se aferraba a las ramas débiles de los pinos. Apenas lograba ver la luz de la luna, sus ojos se nublaban. Tenía miedo, y no quería aceptarlo.
-Ayu-da- pero era como un susurro.
Su cuerpo no resistió más y cayó de bruces al suelo. La nieve empapó su robusta barba. Escuchaba voces en su cabeza, palabras de su madre, de algún amigo, todos decían su nombre, como si estuvieran decepcionados de él. A lo lejos logró ver una cálida luz amarilla. Luego se desmayó.
 Charles despertó en una cabaña, había un hogar encendido, muy similar al que recordaba. Pero no conocía ese lugar. Sentía su garganta como una lija. De a poco comenzó a sentir sus pies, su cuerpo volvía a tener vida.
-Te dije que no me siguieras.
 La mujer estaba sentada al pie de la cama. En su mano tenía una taza que emanaba vapor.
-No soy de aquí. Me perdí.
-Si, claro.
 La joven se puso de pie y le acercó la taza. Él se incorporó para poder beberla.
 -No se si te gusta el té. Pero te hará bien.
Los ojos celestes de Charles volvieron a clavarse en ella.
- Gracias.
Ella volvió a su lugar, se oía el ronroneo de un gato. Éste se encontraba escondido bajo la mesita de luz.
- ¿De dónde eres?
Charles observaba la taza, no le gustaba el té, pero gracias a eso dejó de carraspear.
-¿Qué sabes de la Chica Vampiro?
 El estaba tan enfrascado en sus pensamientos que no había escuchado la pregunta de la muchacha.
Ella se puso de pie y puso otra leña en el fuego.
-Si has venido por los rumores entonces no eres bienvenido.
-Quiero atraparla- afirmó el sin quitar la mirada de la taza caliente.
Ella soltó una risotada.
-¿Para qué?
-¿Cómo que para qué?
La joven lo miró con desprecio.
-Me repugnas como hombre. Deberías sentirte avergonzado.
- ¿Avergonzado de querer matar un vampiro? Usted está loca.
La expresión en el rostro de la chica cambió de repente, ya no parecía furiosa, sino más bien apenada.
-El frío te hizo muy mal, ¿eh? Y no me llames usted.
-No es el frío. La encontraré, la tomaré con mis manos y la mataré. Así lograré ser respetado. Ya nadie sentirá pena por mí.
Ella se acercó a él y tocó su frente, no estaba afiebrado. Temió que dijera la verdad. Pero también temió que la estuviera tratando de engañar. Estaba cansada de que la gente la viera como una prostituta e intentará lo que sea con ella.
-Los vampiros no existen.
Charles la miró en silencio. Pensó en lo ingenua que ella podía ser, pero sintió ternura. Quería abrazarla, que fuera suya. No parecía una chica fácil. Luego analizó todo. La casa en el bosque, su bondad en llevarlo hasta allí. ¿Y si era una máscara? Tal vez él era su próxima presa.
-Eso es lo que diría un vampiro.
Ella sonríe diciendo que es una estupidez. Salió de la habitación y volvió con una manta, luego la extendió por encima de Charles.
-¿Y dónde dormiras?
La chica miró a su alrededor, y suspirando dijo que no dormiría esa noche. Esto generó otra duda en él.
-Puedes dormir aquí.
Volvió a enfadarse.
-Lo sabía, sólo quieres aprovecharte de mí.
-¿Qué?
-Sal de mi casa.
El muchacho no comprendía bien la situación. Trató de ponerse en pie y sus piernas se tambalearon, ella logró atraparlo.
-Lo siento, vuelve a recostarte.
Le hizo caso, e incómodamente volvió a la cama. Ella se sentó junto a él.
-Lamento ser tan dura. Mi vida no es fácil. Vivir aquí sola me está afectando un poco.
Charles lo comprendió, sabía que era su oportunidad, sabía que debía hacerlo. Se sentó en la cama. El silencio los rodeaba. Ella lo miró con dulzura. Había pasado tanto tiempo sin ver a alguien que no la juzgue por los rumores del pueblo. Sus ojos se cruzaban, de a poco sus rostros se acercaron. No sentía que él quería aprovecharse. Sentía que él era distinto. Los labios a pocos centímetros.
 Charles tanteó cuidadosamente su cinturón, tomó el cuchillo. Ella soltó una pequeña risa, como nerviosa. Él sintió un escalofrío, recordó la risa de su primer amor, recordó lo linda que era, y luego la alucinación en el bosque.
 Sus labios se besaron. Un beso largo y tierno. De esos que te ponen la piel de gallina. Charles no soltaba el cuchillo, pero sentía que no podía hacerlo, aún no sabía si era ella el vampiro.
Los besos continuaron, era algo inconsciente. La joven comenzó a bajar, de su boca a la barbilla, y luego hasta el cuello. Charles comenzó a ponerse nervioso, si era ella no tenía salida, era matarla o morir. La muchacha se acercó de golpe a él, para seguir con su apasionado romance. Pero hubo un pequeño detalle que ninguno de los dos notó. Charles seguía con el cuchillo en su mano y accidentalmente perforó su cintura. Ella comenzó a sangrar y a llorar, no lo entendía.
-¿Qué hiciste?!¿¡Por qué!?
Charles se puso nervioso, en realidad no había querido hacerlo. Era imposible que ella lo fuera.
-¡Maldito demente!- la chica presionaba la herida para que parara de sangrar. Pero era imposible. Un dolor agudo recorrió todo su cuerpo y cayó al suelo.
Charles la miró. Sintió miedo. Sintió que era un animal, mató a una mujer indefensa. La culpa lo carcomía. Las lágrimas corrían por su rostro incontrolablemente.
 El cuchillo seguía allí en el suelo junto al cuerpo, en él se reflejaban las llamas del hogar. La desesperación y la soledad lo enloquecieron. Tomó el cuchillo lentamente, y mirando a su víctima se perforó el pecho con un movimiento seco.
 Los cuerpos tendidos en la habitación teñían la alfombra de rojo escarlata.

Fin.

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