domingo, 29 de mayo de 2016

Gratos momentos

Envuelta en una frazada hasta la cabeza, sostenía una taza de café entre las manos. Sus nudillos estaban rojos. El equipo de música reproducía un álbum de Duke Ellington. Ella preparaba la cena, la sartén caliente hacía crujir las verduras con estrépito. Olía bien.
 Él sintió un relajo al fin, luego de haber estado trabajando todo el día, estar en ese momento lo emocionó. La lluvia golpeando la ventana, un café caliente, su amada tarareando una canción y ese riquisimo aroma a comida casera.
 Pensó en todo lo que se queja de su trabajo, en lo mal que lo tratan. Pero todo vale la pena por situaciones así.
 Ella se acercó a la sala y lo abrazó por la espalda. Luego de un cariñoso beso en la mejilla le avisó que la cena estaría lista en unos minutos. La taza de café ya estaba vacía pero aún estaba tibia. Ella amagó a llevársela y así lavarla, pero él hizo un gesto para que no lo haga. Sonrieron, como la primera vez que se vieron. Recordando esas primeras confesiones en la pareja. Esas costumbres escondidas que cuando estás enamorado te resultan tiernas.
 Ella trajo dos platos con carne salteada con tiras de morrón y cebolla, acompañado con papas criollas. Nada sabía cómo eso, ella lo cocinaba de un modo especial. Le ponía un poco de ella.
 Cenaron, rieron, sólo sus voces y la música de fondo.
 Todo vale la pena por esos pequeños momentos

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