Esperar hasta ese momento en el que todos están durmiendo para poder escribir tranquilamente. Es algo muy frustrante. Escribir todos los días es agotador, pero es sano. Sé que me hace bien.
Hay mucho ruido durante el día, pienso en mil cosas a la vez. Siento cosas y quiero escribirlas pero no me dan las manos. También está la parte en la que tengo que evitar usar el teléfono frente a mi mamá porque se queja de estar pegada a este aparatito, pero a veces es simplemente que me pezca cada vez que trato de redactar algo para el blog. A veces se enoja mucho, pero la entiendo. Sé que me consume y yo dejo que lo haga.
En ocasiones dudo si escribir sobre ciertos temas, si será mejor guardarlos para mí o si la gente los leería con aburrimiento. No es fácil satisfacer a la gente, y mucho menos a un lector.
Trato de anotarme palabras clave para luego escribir sobre eso, pero la mayoría de las veces no funciona y mi mente se pone en blanco. El otro día anoté "ganas de esconderme bajo la mesa". No recuerdo ni lo que pensé en ese momento. No tenía mucho sentido.
Y hay muchas veces que trato de redactar algo que vi que me pareció fabuloso y terminó explicando cosas que son burdas y simples, y sólo resultaron interesantes para mi en ese momento y luego desaparecieron.
No es fácil ser escritor. Pero si no somos constantes perdemos la costumbre, olvidamos palabras o momentos que tal vez si no los escribiéramos ya nunca podrían ser recordados.
Hace unos 9 o 10 meses no escribía de corrido. Está es la única vuelta que encontré. Es el único espacio que tengo para conectarme otra vez conmigo.

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