Hoy hacían 2°C está mañana. El cielo estaba un poco nublado. La cama me atrapaba, me tomaba con los almohadones cálidos pidiéndome por favor que no la deje. Miré el reloj, 6:47. "Puedo descansar hasta las 7 si quiero y ahí levantarme", pensé, " no, voy a colgar mientras hago el café ". Pestañeé. 6:55.
Saqué primero un pie despacio, y luego con rapidez me acerqué al escritorio para ponerme la ropa preparada. La ropa estaba tan helada que me transformaba en un pollo desplumado al tocar mi piel.
Bajo a desayunar. Leche, una cucharada de café, dos de azúcar y dos minutos al microondas. La receta de la felicidad durante mis mañanas- aunque podría ser para siempre, tomar café es una de las partes más lindas del día. Ring... Retiro el café del aparato y lo apoyo sobre la mesa junto a las galletitas húmedas del día anterior. Suspiro.
Olvidaba esto. Olvidaba lo lindo que era sentir cómo el calor del café me recomponía a la mañana. Olvidaba lo lindo que era estar tapada con tres frazadas encima, sentir el peso sobre las piernas. Esa linda sensación de tomar el colectivo después de haber esperado 20 minutos con humedad y un frío que te hace temblar, para después encontrar un asiento vacío y sentir cómo la sangre vuelve a correr de nuevo gracias al reparo del vehículo. Lo relajante de poder llevar un gorro en la cabeza para poder dormir cómodamente en el colectivo sin tener que estar atento a los baches que te hacen chocar contra la ventanilla.
Olvidaba también el llegar a casa y que mamá haya preparado algo calentito para cenar. Unas buenas lentejas, un guiso, algo bien de invierno. También olvidaba esa comodidad de los buzos gigantes, el alivio de no transpirar, sobretodo ese relajo en los días de ocio dónde llueve heladamente afuera y uno puede mirar desde adentro de casa envuelto en una frazada y con una tacita de café entre las manos.
Cómo me gusta el frío, y eso que aún no es invierno.
Coffe and Cigarettes

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