lunes, 25 de abril de 2016

Lluvia de lágrimas

La lluvia siempre me resultó como una especie de compañía, sobretodo a la hora de escribir. A muchos les resulta triste pero a mi me causa una reacción extraña. Me inspira miles de historias, me recuerda sueños, me recuerda a otras tormentas. El estruendo de los truenos que hacen temblar los vidrios de mi casa me generan una sensación de miedo y atracción a la vez, algo así como la gente que se sube a las montañas rusas, les teme pero les encanta. Últimamente asocio mucho la lluvia con mi papá, a él le encantaba, deseaba que lloviera todo el tiempo. El clima perfecto para dormir una linda siesta, para relajarse. A veces pienso que es él. Lo veo como un símbolo, pese a que él hubiera deseado que su representación sea más el mar que la lluvia. Está dando la causalidad de que cuando ocurren situaciones donde él debería estar comienza a llover. No sé si tomarlo fantaseosamente como si él estuviera ahí, en la lluvia acompañándome. O tal vez es que está triste y cada gota de lluvia es una lágrima suya.
Puede sonar estupido todo esto. Como algunos saben, yo no creo en Dios, no creo en la vida después de la muerte, ni en cosas de las que no tengo pruebas. Sin embargo me gusta pensar en este tipo de cosas. Supongo que me hacen sentir un poquito acompañada. Me hace bien, aunque también me destroza por dentro porque me recuerda que ya no está en persona.
Lo extraño mucho...

See me Now, The Kooks


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